FERIA DEL LIBRO

Análisis de la sociedad

‘Culpa compartida’ reúne a 20 autores panameños y colombianos, quienes examinan la identidad de sus respectivos países.

Análisis de la sociedad
Álvaro Valderas (en la imagen) junto a Betuel Bonilla son los antologistas. Cortesía

La identidad de Panamá y Colombia se ve reflejada en las 20 narraciones que integran la antología Culpa compartida (Fuga), que reúne a escritores de ambos países latinoamericanos.

Álvaro Valderas, en representación del lado istmeño, y Betuel Bonilla por Colombia, fueron los antologistas de esta obra que se presentará el 19 de agosto, a las 2:00 p.m., en el salón Bejuco-Chocoe de Atlapa.

Los nacionales son Justo Arroyo, Ariel Alvarado, Alberto Cabredo, Raúl Altamar, Pedro Crenes, Sonia Ehlers, Javier Medina Bernal, Consuelo Tomás, Arturo Wong y Carlos Wynter. De Colombia están Juan Gabriel Vásquez, José Ortiz, Ricardo Romero, Miguel Fuentes, Harold Kremer, Andrés Muñoz, Norwell Rojas, John Junieles y Jesús Flores.

Fue complicado seleccionar qué historias y escritores. Se fue por “autores representativos, cuya escritura fuera lo más diferente entre sí posible, para dar un panorama amplio. La suerte jugó un papel importante al dejar a muchos fuera, porque no se logró contactar con ellos o porque no acabaron su colaboración a tiempo”.

Se titula Culpa compartida porque es una “toma de postura ante la realidad de los autores, que han abandonado, tanto en un país como en el otro, el recurso maniqueo y simplista del bien y el mal absolutos, como en los cuentos de niños tipo Caperucita y el lobo y en la propaganda ideológica”.

Para los seleccionados, el mundo “es una construcción social, en la que todos aportan su granito de arena. Como dice, en su introducción, Betuel Bonilla: ‘Dejaron de aparecer los culpables únicos y la culpa se volvió compartida y disimulada’. Dejamos atrás a Perrault y nuestros autores se vuelcan en el análisis de la sociedad”.

Preguntado sobre qué aspectos marcan la identidad panameña, comenta que “algunos autores no reconocen una identidad panameña plena hasta 2000, con la total disposición de su territorio y su soberanía, con lo que apenas se está comenzando esta nueva etapa”.

A la vez, la globalización lleva “a una cesión de caracteres nacionales para universalizarnos, con el inglés como nuevo lenguaje colonizador. Algunos aspectos que no cambian son los relativos a las culturas indígenas, a ser un centro de encuentro de múltiples nacionalidades y al orgullo de pertenecer al ámbito interiorano”.

El panameño funciona con estereotipos “como que no tiene acento; que Panamá no es Centroamérica ni Caribe; que el panameño no viaja; que aquí se vive como en ninguna otra parte del mundo; que todos los políticos roban, y eso no va a cambiar, y que votaremos por aquel que nos dé algo; que aquí la ortografía, en general, es muy mala. No significa que tengan razón”.


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