LA úLTIMA PALABRA

Aniversario de columna lunática

Lunes de Luna. Del latín ‘brillar’, ser luminoso. No es así: la Luna, único satélite de la Tierra, es un objeto muy oscuro, tanto como el carbón. Luna, luminosa, no obstante, es pariente léxica de lux (luz), luceo (lucir), lumen (luz). En honor a ese fantástico satélite artificial, que anima la vida terrícola, tenemos lunes en lengua española; luni (rumano), lundo (esperanto), segunda feira (portugués) y Monday (inglés).

Los romanos copiaron el modelo de los antiguos mesopotámicos para indicar los días de la semana, centrado en los cuerpos celestes más conocidos: lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter), viernes (Venus). El sábado proviene de sabat (día de descanso del judaísmo) y domingo (dominicus, día del Señor, y aporte de la religión y cultura cristianas).

Durante 12 años, La última palabra estuvo en sintonía con el día del Señor (domingo). El día de descanso fue el ritual de este encuentro con la cultura idiomática y otros puntos de vista desde mi perspectiva particular, como autor de la columna, primero integrante de la revista Mosaico, y después de la sección Mosaico Dominical.

Desde hace 5 años, el texto de mi autoría empieza con la semana, y, por lo tanto, en homenaje a esa maravilla que nos puso Dios y la vida allí, y que el entrañable Tony Fergo inmortalizó en su Luna lunera, cascabelera, ve, dile a mi amorcito, por Dios, que me quiera, y que ha sido y es fuente inagotable de inspiración en todos los tiempos.

La Luna siempre muestra una sola cara. No está girando. La vemos en función de los movimientos de nuestro planeta, andarín, y develada por semejante reflector que se ha encontrado: el Sol, que la ilumina, de donde nace su nombre. Han encontrado en ella vestigios de volcanes, brillantes montañas y hasta agua helada. Y se cree que ha habido vida en aquel ámbito.

Esta columna, por migrar hacia el inicio de semana, es lunática, pero sí buscará hallar alguna pista para entender la presente semana de lágrimas, ardores y alegrías. Uno se pregunta si se conseguirá tumbar ese monumento gigante a la impunidad, que han edificado nada edificante Ejecutivo y Legislativo, en altanera y arrogante hermandad. Ni qué hablar de la inmundicia en el Judicial.

Pese a todas las contrariedades y las andanadas en contra, existe una reserva moral, que mantiene a flote el gran legado espiritual y patriótico de los próceres de distintas épocas de la nación, y que es posible presionar para que se imponga la sensatez para rescatar en las decisiones el bien común, a través de una efectiva voluntad política que enfrente a la banda de facinerosos que se han impuesto el saqueo y atraco de los bienes del Estado. No son pandilleros provenientes de los barrios marginales.

En este lluvioso octubre completa 17 años esta lunática columna, que ofrezco a mi Patria tan pequeña y con poderosos impunenses –gentilicio de Impunilandia- y en su mayoría gente noble.

Lo dijo

Insiste en conjugar mal el verbo ‘haber’: hubieron, ha habido, habemos. Lo correcto: hubo muchas denuncias; ha habido malos manejos; somos tres integrantes.

El autor es catedrático

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