Al pie de la mezquita del imán Hamza, en la región de la antigua Babilonia en el centro de Irak, el mercado de las alfombras, otrora bullicioso, parece sedado. El único visitante que recibe en su negocio Hamad al Soltani es un jefe de tribu.
Por nada en el mundo el jeque Hazem al Hiyali reemplazaría las alfombras tradicionales sobre las que sus huéspedes se sientan por alfombras importadas. Las importadas, que inundaron el país en los últimos años, son mucho más baratas que las tejidas en Irak, pero también de una calidad mucho peor, señala.
Al Hiyali dice que ni por un segundo podría imaginar su “diwan”, el salón tradicional en Medio Oriente, sin las largas alfombras rectangulares adornadas con motivos geométricos, multicolores o tejidas con lana natural en un degradado de beige y marrón. “Es por la belleza de estas alfombras que se puede juzgar un salón”, afirma a la AFP tocando, con sus manos ornadas de imponentes anillos con piedras preciosas, las alfombras que recubren los muros y el suelo del local.
“Nuestras madres y abuelas tejían en casa”, recuerda. También tejían aperos para los camellos. Piezas que ya casi no se venden, o que son objeto de decoración, explica Soltani, que heredó el negocio de su padre.
Ahora en el mercado, los modelos que vienen a comprar las madres de familia son las alfombras industriales importadas de Siria, Irán y Turquía. Cuestan menos de la mitad que los modelos tradicionales iraquíes, y poco a poco invadieron todos los locales, asegura Soltani.
Las mujeres compran regularmente nuevas alfombras y tiran las viejas, agrega. Antes “se podía comprar una alfombra y luego revenderla o cambiarla para llevarse otra”, afirma.
