Cocina para calmar el hambre y reconfortar el alma, basada en los sabores campesinos, rústicos y en los vegetales fermentados. Es el secreto de la cocina templaria coreana, una base de la gastronomía tradicional del país.
Una de sus mayores exponentes, la monja budista Wookwan, cocinera en el templo de Gameun, dejó por unos días la tranquilidad del templo para sumergirse en el bullicio de la capital española, donde participó en el congreso Madrid Fusión.
Con sus demostraciones culinarias ilustró la técnica más característica de la cocina tradicional coreana, también llamada hansik: la fermentación de verduras.
Una técnica que aporta sabores potentes y texturas crujientes a los vegetales, pero sobre todo muy alabada por sus propiedades saludables, ya que fermentar las verduras supone una gran concentración de contenido en bacterias de ácido láctico que estimulan el sistema inmunológico.
Los dos ingredientes fundamentales de la cocina coreana, el kimchi (verduras fermentadas con repollo como base) y el jang (salsa fermentada) están elaborados precisamente con esta técnica, con la que se elabora el chucrut, que también utilizan cocineros como el español Rodrigo de la Calle o el japonés Yoshihiro Narisawa.

