El Metro de la ciudad de Nueva York –la red de tránsito masivo más grande de Estados Unidos– transporta cada día más de 6 millones de usuarios que dependen en gran medida de un sistema de control que data desde la Gran Depresión.
Dispositivos electromecánicos obsoletos, con miles de partes móviles, continúan siendo críticos para el desplazamiento de los trenes. Los despachadores todavía dan seguimiento con lápiz y papel a la mayoría de los trenes desde “torres” subterráneas en servicio las 24 horas.
El sistema, que ha funcionado durante ocho décadas, es reemplazado lentamente por la tecnología digital del siglo XXI que permite duplicar el desplazamiento seguro de los trenes a menor distancia unos de los otros.
Sin embargo el gran detalle es que podría tardar 20 años la total digitalización de los mil 126.4 km (700 millas) de vías de la ciudad.
De las casi dos decenas de líneas importantes del Metro, solo una, la L que enlaza Manhattan y Brooklyn, funciona con nuevas señales automatizadas y computarizadas.
La modernización de la línea 7, de Manhattan a Queens, ha comenzado y estará concluida en 2017.
Así las cosas, cuando menos en el futuro previsible, continuarán los problemas, cierres de fin de semana y muchedumbres a las que están acostumbrados los viajeros en el Metro de Nueva York. “Estamos en los límites físicos de lo que puede soportar la tecnología original”, reconoció Adam Lisberg, portavoz de la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA por sus siglas en inglés) que dirige los metros de la Autoridad de Tránsito de la ciudad de Nueva York.

