El sombrero de pieza o “parao” es una curiosa artesanía que se confecciona en Coclé y Capira.
Aunque fueron los coclesanos quienes adoptaron este tejido de la escuela de sombrerería ecuatoriana hace 45 años, son los capireños que más provecho le han sacado. Se dice que fue un coclesano quien enseñó en la cárcel a un capireño a confeccionar sombreros. De regreso a la libertad, el joven se dedicó a tejer y sus amigos de comunidades terminaron por aprender este arte, pero el tejido que más gustó fue el de pieza, al considerar que era más fácil entrelazar.
Santiago Soto, oriundo de La Bonga, corregimiento de Cirí Grande, era uno de esos jóvenes que hace 30 años visitaba a su amigo en La Conga para verlo tejer, y aprendió el oficio que hoy genera ingresos para su economía hogareña y con orgullo dice que puede vender una de esas piezas hasta en 200 dólares.
El tejido de pieza o “parao”, cerrado, torcido o “amarrao”, o “amarraito” se empieza entrelazando dos hebras, fibras estas que dan la vuelta como si fuese el hilo de coser hasta que se forma la plantilla. Soto toma un mes para fabricar dos sombreros “parao” de imitación “pintao”. Es decir, con una aguja e hilo de algodón hacen las criznejas de tarco viejo o doble tarco.

La Prometida
En Las Gaitas está la familia Gómez Morán, que además del sombrero de pieza hacen el de chonta, el “pintao” y el de junco. Viven en La Prometida, una finca ecoturística donde se aprovecha el recurso que se produce para generar abono ecológico.
Juvenal, Roberto, Tiburcio y su padre Majín Gómez hacen mancuerna para que la empresa familiar sea visible y un ejemplo de emprendimiento rural. Los hermanos Gómez Morán aprendieron la técnica del tejido del sombrero de su madre, doña Eliodora Morán, quien el pasado 1 de julio falleció, dejando un gran legado a su familia. Oriunda de El Pajonal, San Miguel Centro, distrito de Penonomé, ella supo transmitir esos valores que son pilares de un clan que se sostiene con el tiempo, pese a las grandes adversidades y dan renombre a un hogar, a una comunidad, a una provincia y a un país. El respeto, el amor, la solidaridad, la honestidad, el trabajo e igualdad fueron practicados diariamente y pese a su partida, sus hijos seguirán su ejemplo y continuarán la tradición de confeccionar sombreros que identifican a Panamá como un país rico en folclore.

Los Morán
A unos 4 kilómetros de allí está la comunidad de La Pita N°2, corregimiento de Trinidad, donde la familia Morán teje el sombrero “parao”. Martire, su hermano Manuel, su sobrino Valerio y su cuñada Eleuteria Morán se dedican a procesar la fibra de cogollo y de cabuya para luego tejer sombreros.
Martire cuenta que sus obras de arte son compradas por los cantadores de mejorana y por los ganaderos.
Eleuteria procura que las fibras de bellota sean blanqueadas, por eso cumplen con todo el proceso de cortar la penca tierna en luna llena, deshilarla, cocinarla por hora y media con el tallo de la caña agria, en la noche dejarla en agua limpia, luego ponerla al sol por tres días y dos noches de sereno. Este es el secreto para que los sombreros fabricados en Capira tengan la fibra muy blanca.
Mientras que en Coclé encontramos los sombreros “parao calados” y con diseños de colores elaborados con hilo de algodón, algunos llevan nombres como Panamá.
