La muerte del actor británico Christopher Lee a los 93 años deja al mundo del cine sin uno de sus villanos más famosos, cuyo rostro ha quedado asociado a personajes siniestros como el conde Drácula y el mago Saruman de The Lord of the Rings.
Lee, que apareció en más de 250 películas, se sirvió de su físico singular (medía cerca de dos metros) y su mirada penetrante para ejercer papeles de antagonista en sagas como las de James Bond y Star Wars.
El actor, nombrado Caballero del Imperio Británico en 2009, falleció el pasado domingo en un hospital de Londres en el que había ingresado con problemas respiratorios, si bien su familia ha mantenido silencio sobre su muerte, que se conoció ayer.
El ayuntamiento del distrito londinense de Kensington y Chelsea, donde murió el artista que encarnó al vampiro más legendario de la gran pantalla, confirmó que había emitido su certificado de defunción.
Este certificado ha sido publicado en la página web del diario The Daily Telegraph, el primero en dar la noticia del fallecimiento del intérprete.
Según el periódico, la viuda, la exmodelo danesa Birgit Kroencke, con quien se casó en 1961, esperó a hacer pública la noticia para informar primero a la familia y los allegados.
Lee se enroló como voluntario en la Real Fuerza Aérea británica durante el conflicto y comenzó su carrera artística en los últimos años de la década de 1940.
En los estudios de cine le dijeron que era demasiado alto para ser actor, así que descartó cualquier papel de galán y saltó a la fama como protagonista de las películas de terror de la legendaria productora Hammer.
Encarnó al monstruo de Frankenstein, a la Momia y, sobre todo, al conde Drácula, un personaje al que continuó interpretando en diversas secuelas hasta la década de 1970, cuando por fin le dio descanso para diversificar su carrera.
Lee fue un actor incansable y versátil, que a pesar de su fama aceptó decenas de papeles secundarios y encarnó a todo tipo de personajes. VEA 3B

