Internet ha contribuido a propagar también noticias falsas científicas, como que la Tierra es plana, que los estadounidenses nunca pisaron la Luna y que el hombre no es responsable del cambio climático, lamentan los expertos.
El peligro de estas teorías científicamente invalidadas es que a veces son dadas por buenas por parte del gran público, como sucede con las fake news (noticias falsas o engañosas) en general.
Un estudio reciente en Francia mostró que 79% de los ciudadanos cree al menos en una teoría del complot y, por ejemplo, el 16% piensa que no se llegó a la Luna y el 9% cree “posible” que nuestro planeta sea plano.
En el ámbito climático, “nos enfrentamos a una voluntad deliberada de manipular a la opinión pública y a quienes deciden”, dijo la climatóloga Valérie Masson-Delmotte, invitada recientemente a participar en un coloquio en París.
Aquellos a quienes esta miembro del grupo de expertos de la ONU sobre clima denomina los “comerciantes de la duda” buscan esencialmente, según ella, limitar la regulación medioambiental. Pero las motivaciones de los propagadores de las noticias falsas no son solo económicas: pueden ser religiosas, ideológicas o la búsqueda de notoriedad.
Para el periodista especializado Nicolas Chevassus-au-Louis, las noticias falsas, científicas o no, “proceden de una misma retórica”: “Se empieza por suscitar una duda. El método más eficaz consiste en subrayar las supuestas incoherencias de la versión oficial, aferrarse a un detalle e insistir al máximo sobre ello”, explica.
