ANÁLISIS. Un equipo de neurólogos de la Academia de Ciencias Sociales ha determinado que la corrupción provoca una actividad cerebral hasta ahora desconocida, lo que podría abrir la puerta a tratamientos de curación.
Según el estudio, una parte del hemisferio cerebral izquierdo llamada “giro frontal inferior” es clave en la conducta corrupta, pues las personas en las que esa área del cerebro trabaja con mayor intensidad pueden ser más propensas a aceptar sobornos.