La cineasta Claudia Llosa regresó a la Berlinale, cinco años después de ganar el Oso de Oro con La teta asustada, con un filme que “sigue escarbando en lo sagrado, en los mitos y en la tierra”, esta vez no en su Perú natal, sino entre los hielos polares.
“Nuestra relación con lo sagrado, con lo primitivo, es algo que llevamos en el ADN, no es específico de uno u otro país, en uno u otro continente, sino que está presente en todas las sociedades”, explicó Llosa, tras la proyección de Aloft, la producción hispano-inglesa-canadiense a competición en ese festival.
Es una película “que arranca de la tierra y queda luego suspendida en el cielo, como el vuelo del halcón”, añadió la directora, en alusión al ave que “casi comparte protagonismo” con el elenco humano del filme, asimismo con gran carga mítica.