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CONSERVACIÓN

Colibrí, sagaz volador en miniatura

Los colibríes son una especie protegida en una zona del borde canalero, donde pueden ser vistos en detalle.

Colibrí, sagaz volador en miniatura
Colibrí, sagaz volador en miniatura

Adentrarse a la selva tropical toma 40 minutos desde el centro de la ciudad de Panamá hasta el Pipeline Road en Gamboa. El auto se aparca y se avanza a pie por un ancho camino que dirige hacia una fortaleza construida con materiales reciclados.

Al entrar, se aprecia una amplia terraza desde donde se es testigo de la travesía de las aves más pequeñas del continente, los colibríes.

Es un mirador que se resguarda del sopor del mediodía con la frondosidad de la vegetación adyacente.

Antes de avistar a las ligeras aves, un runrun llega a los oídos. Son sus portentosas alas, que baten el aire “hasta 80 veces en un segundo”, detalla Natalia Sarco, una de las guías del denominado Panamá Rainforest Discovery Center.

Los colibríes suelen rondar el sitio en busca de alimento fácil. En la terraza cuelgan varios recipientes con agua fresca almibarada. Los atrae como imán, como reemplazo del néctar floral (fungen como polinizadoras), cuando no hallan en sus recorridos insectos como arañas y mosquitos.

Hay 59 variedades de colobríes en Panamá y 338 especies en todo el mundo, asegura el observador de vida silvestre Beny Wilson.

Para Panamá hay dos especies nativas (endémicas), el amazilia de Escudo, en la isla Escudo de Veraguas, y la estrella garganta ardiente, en las montañas de Cerro Colorado, comarca Ngabe-Buglé. Una tercera especie (colibrí de Azuero) aún se estudia para determinar su exclusiva afinidad con el territorio nacional.

“Los colibríes queman rápido sus energías obtenidas mediante el alimento, en vuelos de ida y vuelta”, explica Sarco sobre el comportamiento del picaflor.

Son extraordinarios: pueden hacer girar sus alas hacia adelante o hacia atrás, y hasta mantenerse estables en solo lugar. Logran alcanzar los 54 km por hora.

La desmejora de su hábitat es la constante amenaza de los rápidos alados. En busca de alimento, por ejemplo, la especie mango veragüense dejó de ser endémica de Panamá. Se le vio en el sureste de Costa Rica y con ello perdió su clasificación como istmeña. Jan Cubilla, voluntario de la Fundación Avifauna Eugene Eisenmann y miembro de Audubon Panamá culpa a la deforestación causada por los humanos.

En las familias de colibríes, el macho posee un plumaje más colorido para ser elegido en el cortejo, donde baila para llamar la atención de la hembra. Los colibríes han evolucionado sin sacrificar su belleza; es el caso de la especie ermitaño pico largo (Phaethornis longirostris) que ha mutado para extraer el néctar de las heliconias con un pico más curvo.


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