Comprar tiempo. Brindar asistencia técnica, crear un fondo de compensación, promover la coexistencia entre jaguares y las comunidades que viven cerca de su hábitat, y formar una “legión de guerreros” (científicos, estudiantes, comunicadores, organizaciones y ciudadanos) son algunas de las medidas que propone el biólogo y especialista en felinos Ricardo Moreno para ayudar a salvar las poblaciones de jaguares en Panamá.
“Queremos que el jaguar siga rugiendo”, expresó esta semana ante un abarrotado auditorio en el edificio Tupper del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Con base en las investigaciones en las que ha trabajado por 15 años y la de otros colegas, Moreno estima que en Panamá habitan entre 700 y 1050 jaguares. “No es un número viable”, señala. “En los últimos 30 años se han matado 230 jaguares. Pero el verdadero número podría ser 500 o más individuos, porque mucha gente no habla por miedo a represalias. Solo este año se han matado 9 o 10 jaguares. Si cada año se matan de 8 a 10 jaguares, la población está disminuyendo porque no se están reproduciendo tanto como los matan”.
Aunque la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza pone al jaguar como especie “casi amenazada”, este en Panamá se considera “en peligro”, dijo Moreno.
IMPORTANCIA
Si el jaguar desaparece del bosque, se da una sobrepoblación de hervíboros y como consecuencia, hay cambios en la composición del bosque, en los patrones de sombra, aumento en la sedimentación y cambios en la cantidad y calidad de agua.
También, históricamente, el gato más grande de América ha tenido un valor cultural y como símbolo de valor, fuerza y nobleza. Pero la cacería ilegal, el tráfico de pieles y huesos, la cacería de los animales que le sirven de presa (conejo pintado, tapir, venados, etc.), la desinformación y el conflicto con los ganaderos y campesinos amenazan su subsistencia.
El jaguar está presente a lo largo del país, incluso ha sido fotografiado en la isla de Barro Colorado, pero no hay evidencia de fotos de cámaras trampa, ni de huellas en el área de la cuenca del Canal, donde hay una falta de bosques continuos. “Tenemos la ventaja de que los jaguares pueden nadar muy bien. Se tienen récords de jaguares que pueden nadar hasta más de un kilómetro”, indicó Moreno.
Un reciente artículo en el Journal for Nature Conservation sobre comunidades de mamíferos terrestres en los bosques del centro de Panamá, basado en los hallazgos con cámaras trampa, describe que se muestrearon 17 lugares, 15 de ellos alrededor de la cuenca. Y se encontró que las comunidades de mamíferos terrestres en los bosques del centro de Panamá están degradadas, incluso dentro de parques nacionales. Especies como tapir, oso caballo, jaguar, puma y puerco de monte, solo se vieron en uno de los 15 lugares alrededor de la cuenca. Pero todas las otras especies sí salieron en Cana y Pirre (Darién). El estudio sugiere que los datos proveen una base para evaluar los esfuerzos de conservación para prevenir que el istmo de Panamá se convierta en un cuello de botella para el desplazamiento de los animales.
Moreno, que lidera un nuevo estudio en el Parque Nacional Santa Fe, el bosque protector Arraiján/Ancón, la península Gigante, el PN Soberanía, el PN Portobelo y Nusagandi, financiado por el Ministerio de Ambiente, confía en que aún “tenemos la oportunidad de poder cambiar esto”, pero “la ciencia no lo puede todo”, y propone la colaboración para brindar asistencia técnica a los campesinos y ganaderos, a través de las facultades de agronomía y veterinaria, por ejemplo. “Si nos unimos podemos crear cosas efectivas, incentivos económicos, un fondo de compensación”.
El turismo sostenible con el jaguar como atractivo es una iniciativa que ya se ha probado en lugares como Quebrada Ancha. Los habitantes pueden elaborar moldes de yeso de las huellas del jaguar y otros animales para venderlas a los turistas y que permitan compensar de alguna forma a los que sufren la pérdida de animales por jaguares (u otros felinos silvestres). Pero se requiere una suma de esfuerzos, que incluyen la educación, acatar las leyes ambientales, dejar de cazar las presas naturales del jaguar, adecuar las fincas y aprender a coexistir con la fauna local.




