En 2010, científicos que analizaban el estado del arrecife coralino en Bahía Almirante, en la provincia de Bocas del Toro, se encontró con un escenario inusual: muchos corales se mostraban agónicos y con un tono blanquecino , signos comunes del daño por el aumento de las temperaturas.
Encima ocurría algo más, había cangrejos, erizos y esponjas sin vida. Mientras que una parte de los corales que parecían sanos por encima, estaban enfermos por debajo.
En efecto, el tétrico panorama marino no era el resultado del calentamiento, si no de la falta de oxígeno en aquellas aguas. Eran niveles extremadamente bajos de oxígeno, descubrieron los investigadores.
Esa ausencia de oxígeno y de vida acuática es conocida como “zona muerta”, cuerpos de agua agotados de oxígeno y en donde la mayoría de los animales no pueden vivir; de allí su nombre, explica Andrew Altieri, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y autor principal del estudio que desde 2010 recaba información del impacto de las zonas muertas en los arrecifes istmeños.
Las zonas muertas se originan porque la descomposición por causa de microbios consume el oxígeno del agua. Hay pocas referencias científicas sobre sus efectos a los corales. “Este estudio en Bocas del Toro es uno de los primeros en examinar las zonas muertas de los arrecifes de coral”, resalta Altieri.
Las zonas muertas pueden ser muy comunes en el trópico, pero la gran mayoría no han sido ubicadas.
“Para cada una de las zonas muertas identificadas en los trópicos hay 10 o 9 no registradas”, anotó Nancy Knowlton, profesora de ciencias marinas del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, en un reciente artículo sobre la investigación.
Entonces, las zonas muertas se suman a la lista de amenazas para los arrecifes de coral, junto con la sobrepesca, el cambio climático y la acidificación de los océanos.
Precisamente, una de las metas del análisis es entender cómo las zonas muertas pueden interactuar con otras condiciones (como el calentamiento global) y el daño que pueden causar a los arrecifes.
Según estimaciones científicas, cerca del 27% de los arrecifes de coral en el mundo ha desaparecido, mientras que en el Caribe la situación es más crítica: alrededor del 50% de la cobertura coralina se ha perdido, según otro estudio del STRI difundido en 2016.
Actualmente, la investigación de las zonas muertas en los arrecifes en Bocas del Toro intenta determinar el destino de los corales afectados, explica Altieri, para conocer si pueden recuperarse o no del evento de mortalidad por el bajo nivel de oxígeno.





