“Era una persona muy amigable y que se daba a querer”. Así describe Manuelita de Smith al maestro y compositor panameño Roque Cordero.
De Smith es una de las vecinas de Bethania que lo recuerda con cariño, y coloca sobre su mesa una pila de recuerdos acerca de la vida y trayectoria de este músico.
“Afable, con unas ideas muy claras, convicciones firmes y sin concesiones”, contrasta, por su parte, Jorge Ledezma Bradley, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, refiriéndose a quien también dirigió esta orquesta de 1964 a 1966.
nació un músico
Roque Cordero nació en el corregimiento de Santa Ana en 1917, en medio de una época en la que estudiar música no se contemplaba de ninguna forma: no había un conservatorio musical ni una orquesta sinfónica. Eso cambiaría más adelante gracias al músico en el que Roque se convertiría.
Mientras tanto, de niño cargaba agua en el Aeropuerto de Paitilla y arreaba cerdos al matadero para ayudar a su familia. En la Escuela Vocacional Artes y Oficios tuvo su primer acercamiento a la música, y sería el inicio de un camino de éxitos por esta rama del arte.
´capricho interiorano´
Los siguientes años, Cordero se destacó con su habilidad para las partituras, el solfeo y la armonía.
Fue “alumno de los maestros Máximo Arrates Boza, Pedo Rebolledo y Herbert De Castro [este último con quien creó en 1938 la primera orquesta permanente en Panamá, llamada entonces Orquesta de la Unión Musical], y su primer resultado positivo es Capricho interiorano”, destaca el músico Jaime Ingram en una reseña.
Esa fue su primera composición musical, creada a los 22 años: “En Capricho interiorano, Cordero reinventa la mejorana”, asegura Ledezma Bradley.
En 1943, aceptó una beca obsequiada por el musicólogo Myron Sheaffer para estudiar música en la Universidad de Minnesota, Estados Unidos (EU), aunque no hablara el inglés.
Allí recibió clases del compositor austríaco Enst Krenek y luego se instruyó en dirección orquestal con Stanley Chapple y con Dimitri Mitropoulos, uno de los mayores directores de orquesta del siglo XX.
Concluyó su formación con el belga Leon Barzin (discípulo de Toscanini), en Nueva York, EU.
idas, venidas y partidas
En 1950 regresó graduado con honores a Panamá y con deseos de contribuir con el avance de la música. Desde ese año, hasta 1966 fue director y profesor de varias materias del Instituto Nacional de Música (también conocido como Conservatorio), así como director de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Luego, una nueva propuesta de EU lo motivó a volver a empacar.
El cargo de subdirector del Centro Latinoamericano de Música, una cátedra de Composición en la Universidad de Indiana y otra en la Universidad Estatal de Illinois en 1972, cargo que mantuvo hasta su retiro, fueron propuestas que lo hicieron establecerse definitivamente en EU.
Acompañado por su esposa Elizabeth y sus tres hijos, la vida en EU fue “tranquila y mejor en todos los sentidos”, relata Rogelio Cordero, hijo del compositor. “Mi papá fue una persona dedicada a su música, pero siempre presente”, añade.
Aun en la distancia, “quiso a Panamá. Firmaba todas sus obras como compositor panameño, y nunca pensó en ser de otro país ni nacionalizarse norteamericano. Eso lo inculcó a hijos y nietos, que vinieron a conocer donde nació, el conservatorio y su barrio”, comenta su vecina Manuelita.
su legado
En 75 años de ininterrumpida labor, Cordero compuso más de 60 piezas, incluyendo cuatro sinfonías y obras para orquesta, solistas y coro, que le han merecido reconocimientos tanto en Panamá como en EU, entre ellas la Gran Cruz de Vasco Núñez de Balboa, otorgada en 1982 en reconocimiento por sus logros.
“Su Concierto para violín es quizás su obra más firme y con mayor proyección. El Washington Post la criticó como uno de los conciertos más importantes del siglo XX, opinión que comparto”, afirma Ledezma Bradley.
Con este planteamiento también coincide el hijo del autor: “He tenido la oportunidad de oír la pieza en varios artistas y siempre me conmueve”, expresa Rogelio Cordero, quien recuerda a su padre como “un hombre, esposo y abuelo magnífico”, rememorando los momentos en los que su padre alzaba sus brazos y azotaba la brisa como lo que siempre fue: un magnífico director orquestal orgullosamente panameño.
>>> Libro sobre la vida de Cordero
La escritora norteamericana y profesora de música Marie Labonville, de la Universidad Estatal de Illinois, Estados Unidos, empezó a trabajar con el compositor Roque Cordero unos meses antes de su fallecimiento en 2008, con el fin de escribir un libro sobre su vida y música. Estos últimos tres años, Labonville, con la ayuda de la familia Cordero, ha llevado a cabo un estudio a fondo, viajando a Panamá para asistir a su funeral y concierto esta semana y así realizar entrevistas con exalumnos, amigos y colegas. “Es un honor saber que el legado de mi padre quedará inmortalizado en un libro. Pienso que es muy importante que los detalles que normalmente se pierden con el tiempo tengan permanencia. Eso no solamente es importante para la generación de hoy sino para muchas que todavía están por venir”, asegura Rogelio Cordero, hijo del compositor.
Alicia Mon Chambers