Coreografía con causa

Hay momentos de la historia que, indefectiblemente, son plasmados en todas las artes.

Hay momentos de la historia que, indefectiblemente, son plasmados en todas las artes.

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Hurtado, del gueto a la danza

En El gran dictador (1940), la primera película sonora de Charles Chaplin, el comediante describe a ciertos soldados como “hombres de cerebros y corazones de máquinas”, y en una entrevista, luego de conocer lo ocurrido en los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, aseguró que de haberlo sabido antes jamás la hubiera hecho.

En su diario, Ana Frank le contaba a ´Kitty´ sus vivencias, recuerdos y sentimientos mientras se ocultaba junto a su familia y los Van Daan de los nazis en el achterhuis (“la casa de atrás”), durante los dos años en los que los nacionalsocialistas ocuparon Holanda.

Mientras las artes plásticas -dibujos de paisajes y retratos realizados con lápiz y carboncillo- eran practicadas por los propios cautivos como métodos de escape de la realidad, trueque o contacto con el mundo exterior, la fotografía ha sido uno de los artes preponderantes de museos dedicados al Holocausto, en países como Israel, Estados Unidos y Argentina.

Para la danza, Fernando Hurtado buscó algo que “emocionalmente pudiera cambiar la imagen que se tiene del Holocausto”, dice, sobre la creación que se propuso “fuera diferente”.

Su puesta Las mariposas ya no viven aquí fue una propuesta de la Asociación Amigos de Yad Vashem Panamá. “Ellos querían celebrar el Día del Holocausto y el heroísmo” con una obra cuyo tema “está enfocado como un espectáculo de danza profesional”.

Del 17 al 19 de marzo, en el Teatro Nacional, Hurtado, miembros de su compañía y 70 bailarines en escena presentarán Las mariposas ya no viven aquí a las 8:00 p.m. Los boletos están de venta en los Blockbusters.

La creación de Hurtado es una coreografía estrictamente contemporánea, tomando particularidades del teatro. Durante tres días de octubre del año pasado, condujo kilómetros a Auschwitz-Birkenau, Cracovia y otros campos de exterminio; vio películas, conversó con sobrevivientes, y leyó y anotó impresiones y sensaciones.

“Lo primero que me llegó a la mente es que esto fue real. Había literas donde dormían nueve personas a menos de 20 grados de temperatura, y te preguntas ´¿con qué propósito?”, se indaga con una pregunta constante.

En Las mariposas ya no viven aquí, Hurtado buscaba algo emocionalmente más valedero que solo mostrar armas. “Aquí no hay violencia estricta en un momento dado, ¿para qué mostrar más y no plasmarla de una manera, me atrevería a decir poética y sutil? La historia verdadera ya es violenta, en la que los protagonistas se preguntaban: ´¿dónde está Dios?”, relata.

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