Las librerías me atraen como imán. Me gusta el olor de las librerías que huelen a libro; ese olor peculiar lo recuerdo al evocar la Cultural Panameña de mi juventud, la que estaba cerca del café Coca Cola, cuando la avenida Central era el centro de los mejores comercios de la ciudad capital. El propietario era el señor Fraguela, señor muy apreciado, considerado por muchos como el gurú de los libreros. Nunca hablé con él, pero “paraba las orejas” cuando hablaba con voz sosegada sobre literatura y libros con amigos, escritores, intelectuales, periodistas y bohemios que del café cercano pasaban a la Cultural o viceversa.
Todavía hoy, si ando en busca de un libro y no lo encuentro, me digo: “Fijo que en la Cultural lo tienen”. La mudanza a vía España, cerca de Perejil, y un Fraguela de “relevo” no le hizo perder el encanto que tienen para mí las librerías que huelen a libros.
