TECNOLOGÍA

Disfrutar la vida sin fotos

Disfrutar la vida sin fotos
Disfrutar la vida sin fotos

Un grupo de turistas recorre la plaza de cualquier ciudad. Llegan casi aglomerados, pero al poco tiempo se dispersan y comienzan a buscar los mejores ángulos para tomarse las selfies (los mejores ángulos para ellos, no para el sitio en si). Llegan a turnarse para posar frente a monumentos y otros atractivos. Esto les toma un par de minutos. El resto del tiempo lo utilizan para sentarse y subir sus fotos a las redes sociales. De pronto, el sitio turístico desaparece.

Aunque suene más a literatura de ficción que a un hecho, lo cierto es que es una escena que se repite día tras día alrededor del mundo. No solo en lugares de interés histórico, sino en conciertos, museos y casi cualquier sitio de esparcimiento. ¿Hasta qué punto guardar o compartir recuerdos se puede convertir en un obstáculo para vivir experiencias?

Si bien la tecnología contribuye en gran parte a este fenómeno, los motivos de esta conducta están más ligados a la naturaleza propia del hombre. “El ser humano se caracteriza por ser un ente social, la gran mayoría de sus tareas van aspectadas al cumplimiento de reglas sociales o satisfacerlas, en cada una de las etapas de nuestro desarrollo buscamos el afecto o aceptación de determinadas figuras”, explica la psicóloga Madelaine Castro Ríos.

“Por tal razón, tomamos manos a la obra en el hacer conductual, en la búsqueda de las tan conocida ‘aceptación’ o ‘pertenencia’, queremos corresponder a algún grupo, a alguien o a algo y sí, la gran mayoría de las veces nos olvidamos de nosotros mismos”, argumenta.

Con esto no se plantea que el ejercicio de tratar de guardar o compartir vivencias sea algo negativo, siempre y cuando no se pase de ciertos límites. “En la actualidad, la exposición pública se ha posicionado por encima de todo lo que soy y lo que promuevo o promoví, por ejemplo, apreciamos la casi nula privacidad en la vida de las personas. Todos sabemos hacia dónde van, dónde están, con quién están y qué están haciendo con detalles específicos. Evidenciamos mayor preocupación por la foto perfecta (en ocasiones arriesgando nuestra seguridad), ponemos mayor énfasis en mostrar al mundo, mostrarle a los demás, que en apreciar los detalles y hago de mis experiencias algo para la comunidad de las redes sociales, más que en hacerlas mías”, explica Castro Ríos.

Disfrutar la vida sin fotos
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Vivir el momento

Para la directora ejecutiva del Museo del Canal de Panamá, Ángeles Ramos Baquero, los límites entre los real y lo virtual se han “desdibujado”. “A veces en los museos la gente le parece más importante sacarse un selfie, que el acercamiento a un objeto que es original, y que a lo mejor es la única oportunidad de verlo en su vida”, comenta Baquero, quien entre las experiencias que ha visto, están en cómo las personas pasan el celular tomando fotos, pero no se detienen a ver las piezas de una exhibición. “Es como decir: yo tomo la foto y después lo veo, como si esa experiencia se puede repetir y tenerla después, en vez de tenerla en ese momento. Una experiencia personal, con el objeto y la exhibición, no tiene que ser mediatizada por el móvil. Puede ser directa. Hay experiencias digitales que son buenas, pero son un instrumento para profundizar más en la información, no es un sustituto del contenido”, expresa.

Un problema social

Pero no solo la pérdida de experiencias personales están en juego, también la socialización. Ya no es necesario entablar una conversación con alguien para conocer detalles de sus vacaciones o su última visita a una exposición, solo basta con revisar sus redes. “Está rompiendo con la relación social que se daba cara a cara, pero ahora se ha vuelto más a distancia. Hay una separación que hay que corregir porque está interfiriendo entre la buena práctica de las relaciones sociales y los vínculos que las personas establecen unos con otros”, comenta el sociólogo Milciadez Pinzón, quien aclara que la tecnología nunca ha sido mala, sino el uso que le damos. “El problema es que está creando a un hombre aislado, es como una paradoja ahora en esta época, en que el hombre puede conectarse con más cosas, pero cada vez está más solo”, agrega Pinzón.

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