Los seres humanos no solo dejan su huella en la naturaleza cuando están vivos, sino también después de muertos, puesto que los cuerpos en descomposición alteran la química del suelo, advirtieron científicos.
Nuestros cadáveres, enterrados o incinerados, filtran hierro, cinc, azufre, calcio y fósforo al suelo. Son nutrientes esenciales, pero las prácticas funerarias humanas implican que estos elementos se concentren en cementerios, en vez de repartirse en la naturaleza de manera uniforme, según este estudio.
Esto significa que en algunos lugares puede haber demasiados nutrientes para las plantas y los animales, mientras que en otros no hay suficientes. Los humanos contienen, además, elementos nefastos como el mercurio, presente en los empastes dentales. Los efectos se notarán en la medida que se entierren más cadáveres.