El jurado del V Concurso Internacional de Piano dio su veredicto y seleccionó a los cinco finalistas: el chileno Marco Antonio Cuevas, la japonesa Yuki Ishimaru, el español Fernando Cruz, la coreana Jina Seo y la española Mariana Prjevalskaya.
Hoy será la final en el Teatro Nacional en dos tandas: 10:00 a.m. y 3:00 p.m.
En la tarde el jurado anunciará a los ganadores, y los asistentes podrán votar por su pianista favorito.
Ayer recibí un correo electrónico de un destacado pianista cubano, quien me comentaba que el concurso de Panamá se le reconoce por “el exquisito cuidado en la selección del repertorio, integrado siempre por obras que no solo miden las habilidades técnicas de los concursantes, sino que contribuyen a su formación como instrumentistas”.
Y quien lo dice, bien sabe lo que dice. Una de las fortalezas de este concurso internacional es su repertorio, cuidadosamente pensado y elegido por Jaime Ingram.
Han, Ishimura y Seo tocaron Festa no Sertao de Villa-Lobos en la semifinal. La obra, que pertenece al Ciclo Brasileiro escrito entre 1936 y 1937, tiene dos secciones: la primera, muy rítmica con pasajes de octavas rápidas entre las dos manos que hace una clara referencia a la música popular típica del Brasil; y la otra, un poco más lírica, pero igualmente rápida y virtuosística.
Cuevas y Díaz Hurtado tocaron La comparsa y Danza negra, del cubano Ernesto Lecuona, quien también fue un gran pianista. A los 17 escribió La comparsa, que describe su paso, que se acerca poco a poco, pasa frenéticamente y se va en un decrescendo melancólico, y que recién cumplió los 100 años y fue ampliamente celebrada en el mundo entero.
Fue una feliz coincidencia que Luke Norrel y Fernando Cruz abrieron ambos días de la semifinal con la Sonatina rítmica que Roque Cordero, nuestro insigne compositor panameño, escribiera en 1954.
Villa-Lobos, Lecuona y Cordero recurren a la música de sus propios países como fuente de inspiración.
Cordero, aunque escribió muy pocas obras para piano, dedicó un dúo a Jaime Ingram y a su esposa Nelly. En la sonatina sobresale la riqueza rítmica. En el primer movimiento se reconoce el ritmo de pasillo; el segundo movimiento es lírico y sencillo, y el tercero sugiere un repique del tambor y el ritmo de la mejorana.
Este repertorio continuó y concluyó el sábado con la participación de Cruz, Seo, Prjevalskaya y Benítez.
(La autora es pianista, maestra de piano y maestra de música en el colegio Brader).
