Encuentro con la luna

´La eterna noche de las doce lunas´ se proyectará el 4 y el 6 de abril en la sala 5 de Cinépolis de Multiplaza.

Encuentro con la luna
Este documental se concentra principalmente en una de las tradiciones de la comunidad indígena wayuu, que vive en La Guajira, Colombia. CORTESÍA.

Priscila Padilla Farfán entró en contacto con la cultura indígena wayuu cuando comenzó la planificación de La eterna noche de las doce lunas (Colombia), documental que narra el año que estuvo encerrada la niña Fila Rosa Uriana como parte del ritual de convertirse en mujer luego de su primera menstruación.

Este, su primer largometraje, se proyecta mañana viernes 4 a las 8:45 p.m., y el 6 de abril a las 2:30 p.m., en ambas ocasiones en la sala 5 de Cinépolis de Multiplaza, como parte del tercer Festival Internacional de Cine de Panamá.

Antes de este proyecto audiovisual, “no había trabajado con ninguna cultura indígena”.

Conoció sobre el ritual de las 12 lunas por una chica wayuu, cuando rodaba un documental en otro sector de Colombia.

“Me contó que a ella la habían encerrado dos años, y bueno, me propuse algún día hacer esta historia”, explica Padilla Farfán de manera exclusiva a este medio.

Hoy la cineasta tiene una bonita relación con la pequeña Fila Rosa. “Me convertí en parte de su familia. Soy como otra tía para ella, es una relación muy fraternal”.

“Los wayuu mantienen una maravillosa relación con la luna, que es el elemento femenino que guía a las mujeres de esta comunidad, pues fortalece su cuerpo y su mente”, detalla.

“La llegada de la primera menstruación es el paso de cómo una niña se convierte en una persona adulta”, detalla esta egresada de dirección del Conservatoire Libre du Cinemá Francaise (París).

Los trabajos de Padilla Farfán “siempre han girado en torno a temáticas de mujeres. Entonces comencé por proponerles a las mujeres de la ranchería donde hice el documental que viéramos los otros trabajos que yo había hecho, y así todas las tardes veíamos uno de mis trabajos al mismo tiempo que trataba de aprender el wayunaiki, la lengua de los wayuu”.

Esta decisión colaboró en construir puentes “de confianza y de amor, y luego me fui casi que a vivir por cuatro años a esta ranchería, ubicada al norte de Colombia, en el mar Caribe, es una región semidesértica”.

Los wayuu, comenta, tienen su propia forma de gobierno. “El Palabrero es la máxima autoridad. Es una cultura matrilineal, es decir, la mujer es la que hereda el clan. Se sabe que es wayuu si es hijo o hija de una mujer wayuu. El hombre no hereda el clan”.

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