El genial compositor italiano Ennio Morricone, que revolucionó la banda sonora del cine, confiesa que comprendió hace poco la necesidad del público de escucharlo en directo.
“Il Maestro”, como exige ser llamado según las consignas de su mánager, charló antes de un concierto ayer viernes en París y aseguró que habría “deseado hablar de su trabajo con otros grandes cineastas” como Argento, Bertolucci, De Palma, Malick y Tarantino, pero la entrevista finalizó exactamente tras los 20 minutos reglamentarios. “Hizo falta que los demás me lo pidieran. Hasta entonces no me había dado cuenta de la necesidad del público de establecer un contacto conmigo, sus ganas de descubrir en vivo mi obra. Quise saber de qué se trataba y me gustó”.
¿Nunca quiso interpretar las de los demás? No las puedo conocer como las mías, aunque las admiro.
Un ejemplo de cómo desarrolló su educación musical: “Cuando estaba en el conservatorio, conocía a un estudiante que admiraba, hasta el límite de la obsesión, una obra de Giovanni Pierluigi de Palestrina, un compositor del Renacimiento. Esta pasión le impidió avanzar en su propia formación, crecer en tanto que compositor. Quise evitar esto. Estudié no obstante las corrientes clásicas, de la Edad Media a los contemporáneos. Me encantaron por supuesto muchas cosas, pero me abstuve de apasionarme. De manera que nadie me influyó de forma particular”.
De niño, iba a la misma escuela que Sergio Leone. “Estuvimos en la misma clase durante un año, luego nos perdimos de vista durante años. Desconocía en qué se había convertido. Fue él quien dio conmigo al ver mi nombre en los créditos de un filme”.
