El telespectador que se incorpora despistado a la transmisión de un partido y oye que fulano va a “salir al terreno de juego” preguntará automáticamente: “¿Sale o entra?”. “Sale, sale, quiero decir, entra”. Y ya con esto queda todo meridiano.
En realidad, el aficionado suele interpretar correctamente este galimatías, aunque procura por si acaso encontrar confirmación en el televisor. Allí, en el margen inferior de la pantalla, aparecerán rótulos con flechitas apuntando a izquierda y derecha, unas rojas y otras verdes, así como los nombres de los futbolistas y alguna referencia a los dorsales; cualquier ingenio para disipar la bruma lingüística de intercambiar “salir” y “entrar” como si fuesen sinónimos.
Ambas opciones son correctas y todo es cuestión de perspectiva y uso de preposiciones: el suplente “sale del banquillo”, con la preposición “de”, que expresa el punto de partida, pero “sale al campo”, con la preposición “a”, para expresar el destino.