LA úLTIMA PALABRA

Escuchemos a Soledad Alvear

María Soledad Alvear Valenzuela es una abogada y política chilena. Senadora, ministra de Justicia en el gobierno Aylwin y ministra de Relaciones Exteriores en el gobierno Lagos. Dirigente del PDC chileno, al que renunció este año. IPEC, ligado al PDC y a quienes le sobreviven en el Partido Popular –el más deseado frente Mayo 19-, invita a Soledad a que narre su experiencia en la primera fila de la vuelta a la democracia en el Chile de los 80, después del golpe de Pinochet al presidente constitucional, Salvador Allende, en 1973.Nos cautiva Soledad en esa noche lluviosa de intercambios de compatriotas. Dos factores son cruciales en ese tipo de empresas, dificultosas, como el de Aylwin, del PDC, y el de jerarcas de otras corrientes políticas como Clodomiro Almeyda y Gabriel Valdés.Y la unidad de los demócratas, salidos de distintos bandos, más allá de las víctimas del régimen militar. En un país dividido por la invasión de 1989 –antes, durante y después-, supimos ponernos de acuerdo para obtener la transferencia del Canal, la principal empresa e icónica, de un país con economía y política de primer mundo a uno de tercero. Después esa unidad se ha convertido en piñata, hasta de bates.En esa tarea gigante, pues se trata de un país que se atrasa, si bien estandarte en institucionalidad desde el siglo XIX, a Soledad le toca adelantar la promoción de la función social de la mujer, la igualdad de oportunidad y afrontar la violencia doméstica, así como el establecimiento del sistema penal acusatorio y restaurar el prestigio internacional de Chile, que, por entonces, ocupa un escaño en el Consejo de Seguridad e incluso está en posición de condenar uno de los contrataques de Estados Unidos a Irak.Es una lucha dura por la reconquista de la democracia. En octubre de 1988, la mayoría de los chilenos rechazó, en un plebiscito, la continuidad de Pinochet en el poder, hasta 1997. Por más de diez puntos. En el telón de fondo, estaba una proverbial división, con historia y presente de detenidos, desaparecidos de los que nunca se ha sabido, asesinatos, torturados. Muy difícil el remiendo.Intervienen los liderazgos en la política, que crean un clima cívico. Se habla, entonces, de una reconciliación de civiles y miliares.

En 1990, crea la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación el presidente Aylwin, cuyo resultado es conocido como Informe (Raúl) Rettig por el apellido del jurista y político que la presidió. La investigación contribuyó al esclarecimiento global de la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos, cometidas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, periodo correspondiente a la Dictadura Militar del General Augusto Pinochet. Sostiene Soledad, que la búsqueda de la reconciliación pasa ‘por conocer la verdad’. Y por la política de acuerdos con distintas corrientes, lo que implica fortalecer el ejercicio de la política y obtener metas de Estado. La mayor dificultad significó el respeto a los derechos humanos y la investigación de los hechos relacionados. La de los desaparecidos fue la de mayores heridas abiertas.El fallo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el indispensable resarcimiento de Estados Unidos a las víctimas de la última invasión a nuestro país es un paso en el camino de la reconciliación y la unidad. Faltan muchos otros.

El autor es periodista y docente

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