La industria de la música está teniendo su momento “misión cumplida”.
Por primera vez desde que los estadounidenses rondaban Tower Records para comprar discos compactos, las ventas de música grabada están en ascenso.
En un hito histórico, cerca de la mitad de los ingresos mundiales de la industria de la música proceden ahora de fuentes digitales como anuncios en videos musicales de YouTube y suscripciones mensuales de 10 dólares al menú de temas para streaming de Spotify.
El negocio de la música debe de sentir alivio de que la destrucción causada por el abandono de los cedés por Napster, iTunes y Pandora no haya sido el fin del mundo. Pero como George W. Bush en la cubierta de aquel portaaviones, la industria de la música está proclamando la victoria demasiado pronto. Quienes manejan el sector no tienen en cuenta el poco crédito que les cabe por su propia reaparición. Tampoco comprenden plenamente la situación todavía precaria de la industria, en la que los propios jugadores que arrastraron la música a la era digital no están bien plantados sobre sus pies.
LUCES Y SOMBRAS
El peligro es que el negocio de la música aprendió las lecciones equivocadas de su experiencia digital de casi muerte. Eso debería servir como una advertencia para la televisión y otras zonas de los medios que están amenazadas porque la gente se aleja cada vez más de los modos de entretenimiento e información del siglo XX.
La buena noticia es que el negocio de la música está de nuevo en una trayectoria saludable. Gracias a los servicios de música en streaming como Spotify y Apple Music, los ingresos de la industria crecen de forma significativa por primera vez desde la década de 1990.
Sí, las ventas totales de música son mucho más bajas de lo que eran en la cima de la popularidad del cedé, pero a la industria de la música le cabe una felicitación por ser uno de los pocos negocios de medios que generan la mayoría de sus ingresos con formatos digitales.
La mala noticia es que los sellos musicales no son muy responsables del renacimiento de su propia industria, y no lo reconocen.
“Las compañías discográficas impulsan esta evolución digital”, escribió la cámara empresaria de las grabadoras, IFPI, en su informe anual de 2017. Incluso cuando las ventas de música se desvanecían, las compañías discográficas siguieron “innovando y transformando sus prácticas para inaugurar una nueva era digital”.
Los actores de la música digital que sobreviven no ganan como para que un ecosistema más saludable garantice el futuro de la música. La compañía de música digital Pandora nunca ha obtenido ganancias anuales. Spotify no es rentable. Las opciones de streaming de música de Apple, Google y Amazon no son rentables por sí solas.
