El escritor Sergio Ramírez participa de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara) con la sabia tranquilidad que lo caracteriza.
Formar parte de la FIL de Guadalajara, México, es “una experiencia siempre renovada, como puede hablar un veterano que está presente en ella casi desde su fundación. La he visto crecer, multiplicarse, llegar a ser lo que es, la grande y mejor vitrina de los escritores y sus libros en Hispanoamérica”.
Llega al evento ferial más importante del mundo (solo le gana la alemana de Fráncfort) con una novela recién estrenada (Ya nadie llora por mí, Alfaguara), una recopilación de sus relatos (Antología personal: 50 años de cuentos, Océano), una charla sobre el nobel de literatura Miguel Ángel Asturias (obtenido en 1967), y la presentación de un libro colectivo de ensayos (El estallido del populismo, Planeta).
ALEGRÍA
No es novedad que el creador de Centroamérica Cuenta (la principal muestra literaria de América Central) esté en Guadalajara con esta clase de labores; lo distinto es que regresa como una de sus figuras más relevantes de la mano de un premio más que importante: el Miguel de Cervantes 2017.
“Me siento contento. Es la primera vez que el premio Cervantes, llamado el Nobel latinoamericano, es entregado a un nicaragüense y a un centroamericano”, manifiesta este autor de 75 años y con más de 50 obras.
Su proyección es seguir con sus historias como si nada hubiera ocurrido. “Yo no escribo para recibir premios, pero estos reconocimientos siempre llenan de alegría. Quisiera que esta plataforma a la que asciendo sirva para proyectar la literatura centroamericana, sobre todo la de los jóvenes”, opina Ramírez, quien desde el Frente Sandinista colaboró en una lucha que dio como resultado la caída de la dictadura de Anastasio Somoza en su Nicaragua natal.
Quien fuera vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990 está convencido de que la cultura es parte esencial “de nuestra vida diaria, así que espero que este premio signifique algo para Nicaragua y Centroamérica”.
ÍCONO
Va a conversar sobre Miguel Ángel Asturias (1899-1974) en Guadalajara, y su obra favorita de este autor, Hombres de maíz (1949), “sin duda, la mejor lograda. Un poquito al lado pondría a Mulata de tal (1963), porque están emparentadas, y tiene mucho humor. Luego El señor presidente (1943), que es un ícono fundador de las novelas sobre dictadores en América Latina”.
Sobre si han pasado las creaciones de Asturias la prueba del tiempo, Sergio Ramírez comenta que “algunas de sus novelas están enterradas, como Los ojos de los enterrados (1960) y las demás del ciclo bananero. No sé si Leyendas de Guatemala (1930), que fue vanguardia en su tiempo, se salva. Pero lo que no se salva definitivamente es su poesía”.
ATRAPADOS
Ya nadie llora por mí (2017) es una secuela de una novela anterior del maestro Sergio Ramírez titulada El cielo llora por mí (Alfaguara, 2009).
El disparador para escribir El cielo llora por mí fue la figura de un guerrillero veterano, Dolores Morales, convertido en un policía antidrogas “que ve deshacerse el mundo por el que luchó; rondaba mi cabeza de manera obsesiva. La única manera de ponerme en paz con él era escribiéndolo”.
Ahora regresa a las páginas de una novela, ya sin ser representante del orden público, “viejo y pobre, dedicado a investigar casos menores, hasta que la suerte, o el destino, lo meten en los subterráneos del poder y de la corrupción gracias a un caso que le ofrecen. El mismo mundo contra el cual luchó de joven, porque la historia se repite”.
DESAMPARO
¿Qué lo llevó a ‘El cielo llora por mí’?
Las ganas de seguir contando la vida del inspector Dolores Morales. No en balde se llama de esa manera. Y la seguridad de que daba para más, que estaba vivo dentro de mí. En el fondo, él mismo me lo ha pedido.
¿Por qué la novela negra es el vehículo perfecto para describir a Nicaragua desde esta nueva obra?
La novela negra parte de un modelo original, el del investigador frente a un caso, bajo las reglas anglosajonas donde el escritor da por descontado que el héroe tiene detrás de sí el aparato legal firme y sólido. La policía misma, los fiscales, los jueces. Pero en América Latina es al revés, ese aparato no es confiable, está viciado, está contaminado. De allí que el detective resulte un personaje trágico, desamparado por la justicia, y que debe valerse por sí mismo, arriesgando aun su vida.
¿‘Ya nadie llora por mí’ es una novela coral?
No porque esté contada a varias voces, sino porque los personajes son múltiples, y principales. No son personajes secundarios, son piezas de un entramado, y ninguno está en el escenario de manera gratuita: hay unos primos hermanos peluqueros, un singular cobrador de deudas vencidas que acosa a los morosos, la santa patrona de un albergue de menesterosos, el rey de los Zopilotes, que maneja el negocio de la basura, y junto al inspector Morales siempre doña Sofía, su asistenta, y Fanny, su amante, que ambas son también investigadoras.
‘LO QUE FUE’
¿De qué le gustaría conversar con Dolores Morales si se lo encuentra por las calles de Managua?
Del país. Cómo lo ve él y cómo lo veo yo. Él es más cínico, más curtido, nada de intelectual, pero muy agudo en sus juicios, lleno de humor negro, y eso hace un buen contrapunto. Y no puede faltar en esa conversación Lord Dixon, que es su compañero del alma, y en muchos sentidos la voz de su conciencia. Nos veo sentados en un bar. Al inspector Morales le gusta el Irish coffee, a mí el escocés en las rocas. Lord Dixon, como se dará cuenta el lector, es abstemio, no porque no le guste el trago, sino porque no puede beber.
¿Dolores Morales es un reflejo del Frente Sandinista de Liberación Nacional?
De lo que fue. De lo que es hoy, de ninguna manera.
De ‘El cielo llora por mí pasamos a ‘Nadie llora por mí’. ¿Es una metáfora del devenir de nuestra Centroamérica?
Toda novela es una metáfora de algo. De una sociedad, de un país. Pero esa metáfora debe poder leerse en referencia a otras realidades, no solo centroamericanas, también de América Latina en general. Vivimos hoy atrapados en la telaraña de la corrupción, un pésimo denominador común, pero así es como es.
RELATOS
¿Qué sentimiento le embargó al volver a leer sus cuentos para la antología personal que presentará aquí en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara?
Tuve que enfrentarme a dificultades. Debía escoger no más de 20 cuentos, y por tanto, dejar fuera pedazos de mi alma, como se diría en la letra de un bolero. Pero recordé que cuando Rubén Darío escogió los poemas de su antología personal, dejó afuera todo Azul. Vaya valentía. Sacó todo el libro.
¿Qué criterios utilizó para seleccionar los 20 cuentos?
En algún sentido, mostrar un recorrido de mi obra, algo de cada libro, y del primero de ellos, publicado a mis 20 años, un solo cuento. Me ayudó mucho en esta tarea mi amigo y discípulo recién muerto Ulises Juárez Polanco. Discutía con él como si se tratara de mi propia conciencia literaria. Y en casi todo tuvo razón. Entonces la selección es también suya.
