La tecnología no es el monstruo enemigo que “desconecta” a la familia.
El padre, el hijo y la pareja son más bien quienes tienen el poder de decidir si su uso puede fomentar la conexión o, por el contrario, la desconexión entre los miembros del núcleo familiar.
Antes la televisión era vista como la mala de la película. Ahora el auge de las redes sociales, los chats y los teléfonos inteligentes son herramientas tecnológicas de la comunicación que intervienen en la dinámica familiar actual.
Hoy, en el Día Internacional de la Familia, especialistas en psicología recalcan que la tecnología puede ser un buen aliado en las relaciones intrafamiliares —para hacerlas más estrechas aún— si sus miembros tienen por base una estrecha comunicación y optan por utilizar estos nuevos medios para acortar distancias.
El psicólogo clínico chileno Gonzalo Bacigalupe, catedrático de la Universidad de Massachussetts en Boston (Estados Unidos) y presidente de la Sociedad Americana de Terapia Familiar, explica en entrevista a La Prensa que aunque hay una diferencia entre la comunicación virtual y la que se da cara a cara, “la frontera entre ambos cada día se disuelve más”.
Bacigalupe, autor de diversos estudios científicos sobre psicología y otros temas, afirma que mientras más joven sea la persona y entre más temprano se adopten las nuevas tecnologías, menos diferencias hallará entre la comunicación verbal y la virtual.
A su juicio, donde hay más distancia emocional es probable que se produzca mayor distancia emocional, pero “donde hay una relación saludable, lo más probable es que las tecnologías digitales ayudarán a las familias a mantener la conexión”.
La desconexión familiar, si existiera —continúa el psicólogo—, no tiene que ver con la tecnología, pero sí con los procesos de globalización, la desigualdad creciente, la necesidad de varios trabajos para subsistir, la presión por el éxito, entre otros factores.
La tecnología es como el “chivo expiatorio de complejos cambios socioeconómicos”, y una herramienta de sobrevivencia relacional, mas “no lo que produce problemas relacionales. Eso es en general, y por supuesto pueden haber problemas excepcionales”.
Siguiendo esta línea, el psicólogo Rodolfo Justine añade que la tecnología por sí sola no desconecta a algún miembro de la familia, sino que “desconecta al que se quiera desconectar o no sepa cómo ‘conectarse’ a su realidad”.

