Guitarra en mano

Las guitarras de Paco de Lucía están de luto permanente, como también se encuentran silenciosas y tristes las notas musicales, tanto las del flamenco como el resto que compone la historia universal del pentagrama, pues un creador grande, de esos que son irreemplazables, falleció ayer.

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Paco, respeto por la esencia

Tenía 66 años cuando la muerte invitó a Paco o Francisco Sánchez Gómez, como decía su acta de nacimiento, para que lo acompañara a un viaje sin retorno.

El artista estaba de vacaciones con su familia en Cancún (México) cuando su corazón le falló y en ese momento se le entregó su boleto a la eternidad, gracias a sus dones como compositor y maestro de la guitarra.

Es que Paco igual hacía vibrar a su guitarra y al público de la Tierra con el flamenco más tradicional, así como con el jazz de la mano de John McLaughlin y Al Di Meola, o con ritmos clásicos ejecutando piezas de otros inmortales como Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo.

Sin dejar por fuera sus incursiones de lujo a la bossa nova, el blues y hasta la salsa, muestras de que no le temía a ningún desafío artístico porque sabía que no hay compás imposible de trasladar a la guitarra, ese instrumento que le dio tantas alegrías a este creador y a sus millones de seguidores de todas las edades y latitudes.

Junto con su compinche Camarón de la Isla, Paco llevó por todos los costados del planeta las armonías del flamenco y, desde entonces, ese ritmo ya no le pertenecía solo a la bella Andalucía, sino que entró en el territorio de lo global.

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