Hacía varios años que no visitaba Habibi, y en todo caso, no había ido a su nueva sede. Hay afuera sillas al aire libre para quienes deseen fumarse un tabaco o una hukka, si es que las que hay desplegadas por el restaurante no están de adorno.
Como el menú es tan extenso, tomamos la decisión consciente de saltarnos los emparedados, que son básicamente las especialidades mesorientales del menú, pero envueltos en pita y servidos con papas. Tampoco prestamos atención a las pastas ni los platos de carne.
Tienen, como es habitual en muchos establecimientos que se especializan en los manjares del Medio Oriente, combinaciones de mezze, con diversos números de platos según la cantidad de personas, pero decidimos hacer nuestro pedido individualizado y fue así como nos hallamos con un baba ghanoush (pasta de berenjena a la brasa) absolutamente deliciosa, y un hummus (garbanzos con ajonjolí) con trocitos de carne asada encima muy buenos.
También pedimos la ensalada tabouleh, aunque a esta no le vimos el trigo por ninguna parte, era casi todo perejil.
Los falafel, por supuesto, no podían faltar, y no decepcionaron en lo más mínimo. Otra cosa que no podía faltar era la combinación de mjadra, o sea arroz con lentejas y cebolla caramelizada, que nos encanta con foul moudamas, es decir, faves cocinados con aceite de oliva, limón, ajo y especias.
Pedimos, entre el sector de las pizzas y los fatayer, el fatayer de espinacas, que vino doblado de forma triangular con las espinacas salteadas en medio. Interesante. Entre los platos “internacionales” nos aventuramos con unos langostinos a la Newburg, con algo de trepidación. Estaban sabrosos, pero habría que calificarlos como una interpretación muy particular del chef de este plato nacido en el restaurante Delmonico´s de Nueva York en el siglo XIX.
Unas limonadas que pedimos estuvieron muy ricas, al igual que un mojito que pidió RdT, y unos tés de menta.
De postre solicitamos unos baklava que me parecieron un poco secos. Bar completo. Dixit.

