Sebastián Lelio se estrena ahora en inglés con Disobedience, una historia de amor entre dos mujeres repudiadas por la comunidad judía ortodoxa de Londres, con la que el chileno se reafirma como un virtuoso destilador de emociones. Su cine introspectivo expone lo más íntimo del ser humano, ya sea a través de una mujer madura en Gloria; de una transexual en Una mujer fantástica; o ahora con dos homosexuales.
Protagonizada y coproducida por la actriz Rachel Weisz, quien propuso a Lelio la dirección mientras escribía Una mujer fantástica, Disobedience es ante todo una reivindicación del derecho a decidir de cada uno, una oda a la libertad.
Sebastián Lelio
Realizador chileno.
“Nunca pienso en las películas desde el punto de vista LGTB. Mi aproximación es completamente emocional: hay algo en los personajes que me moviliza, que me remueve lo suficiente para dedicarle dos años de mi vida. El cine lo entiendo como un puente, una posibilidad de tocar lo otro, lo que no soy ni entiendo”.
¿Por qué cree que hay menos películas que hablan de la homosexualidad femenina que de la masculina? “Sí, todavía está pendiente la fiel representación de la feminidad heterosexual, ¡imagínate la homosexual! Pero se está entrando en una era donde la representación de lo que pasa en la sociedad se está poniendo al día. No solo tiene que ver con LGTB, sino con todo lo que está subrepresentado. El mainstream ha tendido a ser muy monotemático”.
A la hora de recrear la comunidad judía ortodoxa del norte de Londres “me metí entre las patas de los caballos, porque no soy ni británico ni judío y me puse a hablar de una comunidad que ni siquiera los londinenses conocen. Tuve cuatro consultores durante la escritura, ortodoxos, pero más progresistas. Estaba tan obsesionado tratando de captar la textura social de esa cultura que el número durante el rodaje subió a 12. Únicamente no los podíamos llamar durante el Shabat. Por ahora no ha habido ninguna reacción, porque todavía nadie la ha visto en Inglaterra. En Estados Unidos, donde ya se ha estrenado, ha habido mucho público judío, aunque no sé cuántos ortodoxos”.
