Historias del Premio Nobel

En variadas ocasiones, las posturas políticas e incluso la vida personal de los autores han influido para que la Academia Sueca no les otorgue el Premio Nobel.

La política mundial dentro de los premios Nobel siempre ha parecido ser una fuerza de gran alcance. Solo así se explica, por ejemplo, el Nobel de Literatura de 1953 a Winston Churchill y las “ampollas que causaron a la URSS” (según Kjell Espmark) las obras de los premiados Aleksandr Solzhenitsyn, Joseph Brodsky y Boris Pasternak (1958), autor de Doctor Zhivago, quien terminó por rechazarlo.

Otro famoso caso de dimisión fue el del filósofo francés Jean-Paul Sartre, quien rechazó el premio en 1964 porque no deseaba ser “institucionalizado por el Oeste o por el Este”.

Por otro lado, una de las peores injusticias fue el no otorgarle la presea al escritor argentino Jorge Luis Borges. Tachado de fascista hasta la saciedad, no se le dio el premio por no enfrentarse a las dictaduras militares y vivir encerrado en el laberinto de cristal de su literatura europeísta. Incluso tal cuestión quedó plasmada en un ensayo Borges o el fascismo ingenioso, incluido en la colección de ensayos El recurso del supremo patriarca de Mario Benedetti.

Hay más. Escandalosa fue la concesión en 2004 a la austriaca Elfriede Jelinek, causando la renuncia del académico Knut Ahnlund por considerar el fallo “un daño irreparable” al prestigio del Nobel porque la obra de la escritora era “una masa de textos sin el menor rastro de estructura artística”.

CASOS CERCANOS

Historia reciente es la falta de Nobel para dos de los escritores de buenos best sellers como Umberto Eco y Milan Kundera.

Hace algunos años la presea ha sido otorgada a nombres casi desconocidos como Jean-Marie Gustave Le Clézio, Gao Xingjian, Imre Kertesz o Herta Müller... Y no porque hayan sido escritos en tal o cual idioma, acota el académico Aristides Martínez Ortega. “El premio conmemora precisamente el trabajo de una obra que trasciende, que va más allá del tiempo, las regiones y los idiomas, lo cual es totalmente independiente del criterio de gusto del lector”, explica.

En opinión del escritor Justo Arroyo, la popularidad de un escritor sí depende del área geográfica en que se agite. Por ejemplo, “para nosotros, dentro del mercado occidental, todo lo oriental resulta poco conocido”, dice quien sí conoce novelas, como Sorgo rojo y Las baladas del ajo, del Nobel de Literatura de 2012 Mo Yan. Estas obras son “representativas de la gran literatura telúrica oriental”, apunta.

El problema de la circulación de traducciones es otra de las razones que pone sobre el tapete el académico Rodolfo de Gracia.

Ante los casos de ganadores poco conocidos, el escritor y periodista español Luis Alemany explica en una publicación del diario El Mundo que hay dos tipos de lectura: “Por un lado, aparecen los ganadores cuyo nombre evoca una reivindicación del individuo sobre la masa en situaciones muy concretas de la historia (Gao ante la dictadura china; Pamuk contra los islamistas y los nacionalistas turcos; Kertesz como superviviente del Holocausto; Coetzee en la Sudáfrica blanca...); y por el otro están los ´héroes de izquierdas´ de toda la vida: José Saramago, Harold Pinter, Darío Fo, Günter Grass, Seamus Heaney, Doris Lessing (forzando un poco), etcétera”, explica atando cabos.

UN NOBEL PARA...

Para el poeta y columnista de La Prensa César Young Nuñez, un autor que merece el Nobel de las letras es el chileno Nicanor Parra.

De inicios del premio destaca a la escritora Selma Lagerlof. “Sus cuentos infantiles todavía se leen”, acota.

El escritor Carlos Fong lo entregaría a Paul Auster, quien “tiene una prosa que trasciende en los rincones de la condición humana”.

Considera que debieron dárselo a Ryszard Kapuscinski, “extraordinario” poeta, periodista e historiador.

Justo Arroyo se queda con Philip Roth. Sobre los ganadores de inicios de siglo pasado comenta que “en la primera mitad del siglo XX se dieron grandes nombres que siguen influyendo en los gustos y tendencias literarias de hoy. Allí está también T.S. Elliot, en poesía, por ejemplo, y Luigi Pirandello y Eugene O´ Neill, en teatro”.

En tanto, si el poder para otorgar el galardón estuviera en manos del académico Rodolfo de Gracia, se lo concedería a Juan Gelman, principalmente, y también a Arturo Pérez Reverte o a José Emilio Pacheco.

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