Científicos panameños han emprendido un estudio sobre la interacción que hay entre hongos y las plantas endémicas de Panamá y los componentes químicos que resultan de esta relación, para conocer si tienen alguna aplicación científica.
La variedad de hongos que crecen dentro de las hojas de las plantas, su diversidad genética y las funciones que cumplen en el funcionamiento de la naturaleza son otros focos de la investigación, describe Juan Carlos Villarreal, el científico panameño que estudia los musgos y líquenes del subártico de Canadá.
Es el primer trabajo científico de Villarreal en Panamá, quien salió del país en 2003 en busca de nuevas oportunidades en el campo científico y desde entonces se ha desempeñado en países, como Alemania, Escocia, Estados Unidos y Canadá, en su zona ártica, desde 2016.
“Vengo una o dos veces al año a Panamá y ahora vendré más seguido para avanzar este trabajo que hago en conjunto con colegas de la Universidad Laval en Canadá, donde trabajo; en conjunto con la Universidad de Panamá, el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología”, comparte Villarreal, de 42 años, cuyo trabajo en el subártico fue reseñado en abril pasado en la BBC Mundo.
Diversidad
Los científicos ya tomaron las primeras muestras de plantas y hongos en El Valle de Antón,Coclé, y ahora sigue el análisis molecular.
“Hemos encontrado una diversidad de bacterias que cumplen funciones, como nutrir el suelo; hay que tratar de entender esas funciones del ecosistema para sacarles provecho”, explica el indagador nacional.
Rumbo al Ártico
Mientras prosigue el análisis de los misterios de los hongos y la vegetación del trópico, Juan Carlos Villarreal retomará paralelamente su labor en la tundra canadiense, zonas de difícil acceso que recorrerá al menos hasta 2021, cuando termina la primera etapa de la investigación.
En 2019 tiene planeado cubrir más campo, cada vez más cerca del Ártico, específicamente hasta las islas contiguas a Groenlandia.
El plan es ampliar la investigación por otros cinco años más tras concluir la primera parte de la investigación.
En su laboratorio en la ciudad de Quebec, Canadá, Villarreal y su equipo analizan cada detalle de las propiedades de los musgos y la interacción entre hongos y algas, que al unirse forman un liquen, un agente distinto a lo que eran por separado para subsistir en un ambiente muy hostil donde hay poca vegetación. “Queremos entender bien qué ocurre allí y las funciones de cada uno en una de las zonas más difíciles para la vida”, puntualiza.



