Los brasileños suelen verse como una nación predominantemente mestiza, sin grandes tensiones raciales, pero cuanto más oscura es la piel de una persona, mayores son las trabas para su ascenso social.
Hoy, 20 de noviembre, se celebra el Día de la Conciencia Negra, en recuerdo de la muerte del Zumbi de los Palmares, último líder de una rebelión de esclavos en el noreste del país, asesinado en 1695 por los colonos portugueses.
La esclavitud fue abolida en 1888, pero la gran mayoría de los descendientes de los casi cinco millones de africanos trasladados a Brasil a lo largo de tres siglos siguen relegados a la base de la pirámide social.
Los datos son implacables: en la franja del 10% de brasileños más ricos, el 70% es blanco; y en la del 10% más pobre, el 74% es negro, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.
Del total de brasileños negros y mestizos (54% de los 208 millones de habitantes del país), solo el 5% ocupa cargos ejecutivos. En los medios de comunicación, los negros están escasamente representados y en la publicidad apenas se ven modelos negros.
Según una encuesta del instituto Locomotiva, los hombres negros diplomados de universidad ganan 29% menos que los blancos con cualificaciones similares. Las mujeres, 27% menos que las blancas.
Desde la adopción hace 15 años de cuotas raciales para el ingreso a las facultades, bajo el impulso de gobiernos de izquierda, la proporción de negros y mestizos que ingresan al ciclo superior pasó de 8% a 27%. Esas políticas de discriminación positiva empezaron a surtir efecto, pero sus beneficiarios “aún no fueron incluidos en el mercado de trabajo”, lamenta Esteban Cipriano, director de programas de educación de la oenegé Identidades de Brasil (ID_BR).
