La mujer le da un vaso con jugo a un señor en silla de ruedas. Es su padre, tiene 91 años y hace 7 u 8 años le diagnosticaron alzhéimer.
“Él trabajaba, era activo y le gustaba la agricultura”, narra su hija, Miriam. “Pero empezó a confundirse, a tener mucho desequilibrio, depresión, se ponía a llorar. Ya no podía hacer sus actividades. Lo empezamos a cuidar para evitar que se cayera, porque también tiene fractura de cadera. Somos varios hermanos y nos turnamos para cuidarlo y comprarle los medicamentos, que son bastante caros y en el Seguro no hay. A él le gusta salir, cuando lo sacamos a pasear no se duerme. Hay ratos en que está clarito, pero en otros no nos reconoce”.
La Asociación de Familiares de Pacientes con Alzhéimer y otras Enfermedades Demenciales (Afapadea) realizó el sábado, una actividad en la Universidad Santa María La Antigua, para conmemorar el Día Mundial del Alzhéimer (21 de septiembre). Muchos iban a escuchar las conferencias sobre esta enfermedad, que en el ámbito global representa entre 60% y 70% de los casos de demencia que padecen 47 millones de personas.
El alzhéimer tiene varias fases. Al comienzo hay un déficit cognitivo leve, pero a medida que avanza, el paciente olvida los nombres de sus familiares, no sabe qué día es, hay un cambio sutil en su comportamiento. Luego, se profundizan los olvidos, se puede perder y no sabe regresar a la casa, olvida cosas que había aprendido, como vestirse. Hay cambios en el humor, puede pelear, tener alucinaciones. En una fase más avanzada, se afecta el área motora y el control de los esfínteres.
Si es diagnosticado temprano, un tratamiento puede retrasar la progresión de la enfermedad, pero si llega tarde es poco lo que se puede hacer. Los mayores de 60 años que comienzan a tener olvidos de hechos recientes, del día, que no recuerdan qué iban a buscar a la cocina, o las fechas, quién es la persona que acaban de ver, etc. deben ir al neurólogo.
La doctora Aracelly Jaramillo dio algunos consejos para controlar los trastornos del comportamiento, y dijo que los cuidadores no deben sentirse culpables y que deben cuidarse a sí mismos.
El doctor Ernesto Triana, director científico de la Afapadea, propone fundar una escuela para que jóvenes se capaciten como cuidadores y puedan ofrecer este servicio a un costo asequible para la población con pocos recursos. “Estamos hablando con el Ministerio de Salud, hay universidades interesadas”, dice. La Afapadea no tiene un local propio, pero la clínica Triana (Tel.: 3012734) organiza reuniones periódicas para orientar a los familiares de estos pacientes.

