Imagine un implante cerebral del tamaño de un fósforo que sea capaz de sortear médulas espinales dañadas y ayudar a las personas paralizadas a moverse, impulsadas por sus propios pensamientos.
Se ha demostrado con éxito que esta tecnología futurista, que involucra un dispositivo diminuto con una maraña de electrodos, logra registrar la actividad neuronal en ovejas. El próximo paso será probarla en cinco voluntarios, según Nick Opie, ingeniero biomédico de la Universidad de Melbourne y director técnico del proyecto australiano.
Este “stentrode”, como se denomina, está diseñado para transmitir los pensamientos en forma inalámbrica a un dispositivo robótico externo, como un exoesqueleto o un miembro prostético, y permitir que el cerebro dirigido por el paciente controle el movimiento y la locomoción.
El procedimiento forma parte de un área creciente de la robótica destinada a la aumentación humana, que según las predicciones del McKinsey Global Institute en 2013, podría asistir a más de 50 millones de personas con movilidad deteriorada en el mundo desarrollado, y producir beneficios económicos de no menos de 2 mil millones de dólares anuales para 2025.
“Nuestro objetivo es devolver la movilidad, la independencia y la comunicación a algunos de estos hombres y mujeres”, dijo Opie. “Estamos usando el dispositivo para extraer información que ya fue generada por el cerebro y eludir los nervios dañados”.
Otros grupos de investigación tienen ideas similares.
Neuralink Corp., la empresa emergente cofundada por el multimillonario Elon Musk, está desarrollando interfaces cerebro-computadora de banda ancha de ultra alta velocidad para conectar a los humanos con las computadoras.
Y la unidad de investigación de Facebook, Building 8, está trabajando para hacer posible que las personas escriban en un teclado usando señales de sus cerebros.
