El programa del VI Congreso Internacional de Ingeniería, Ciencias y Tecnología de la Universidad Tecnológica de Panamá, que se desarrolló esta semana, era muy amplio. Una de las actividades que se realizaron fue el Foro de Innovación y Transferencia de Tecnología.
Los expositores, el Dr. Jorge García Álvarez, Dr. Emilio Jiménez, Dr. Juan Carlos Sáez-Diez y Julio Blanco Fernández hablaron sobre el proceso de la investigación hasta llevar un desarrollo al mercado, mencionando varios modelos teóricos que tratan de explicar la innovación y los actores que intervienen en ella, pero que no siempre se traducen en una realidad concreta, como una patente y la generación de bienestar económico.
Los países más avanzados y con mejores economías son los que invierten más recursos en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I), lo que les brinda ventajas competitivas y reduce su dependencia hacia otras naciones. Israel, Corea, Japón, Suecia, Austria, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Estados Unidos y Bélgica están entre los países que más invierten en I+D+I; mientras que China, Estados Unidos y Japón están entre los países que más patentes solicitan.
Máquinas, aparatos electrodomésticos, productos de metrología, bombas y turbinas, están entre los que más se patentan. La salud también es el mejor “negocio” de muchas empresas.
Pero la realidad en Latinoamérica es que no hay una “cultura” de apoderarse del conocimiento que se genera, plantearon los expositores. Y si no nos apoderamos del conocimiento, otros lo harán.
No es menos cierto que las empresas generan más conocimiento que las universidades y que tienen una mejor visión del mercado y focalizan su investigación a ello. Incluso, algunas que no encuentran el recurso humano apropiado a sus actividades, levantan sus propias universidades.
Son las empresas de alta tecnología y las de productos farmacéuticos las que lideran las investigaciones y solicitudes de patentes.
Muchas industrias tienen una línea de producción obsoleta, cuando es importante tener en cuenta la “Industria 4.0”, es decir, la revolución de nuevas tecnologías, para innovar.
Todo esto refleja que el llamado modelo de triple hélice –universidades, gobierno y empresas– según el cual los actores deben trabajar en conjunto en la planificación, capacitación, desarrollo humano, I+D, políticas públicas, infraestructura y fondeo, no está funcionando bien. Entre los problemas que enfrentan los centros académicos para mejorar el panorama de I+D+I, están la disparidad en investigación científica y tecnológica y las normas que dificultan la vinculación entre una universidad, por ejemplo, con el sector productivo.
Una patente debe ser absolutamente clara en cómo se resuelve un problema y debe reunir ciertos requisitos, evitando los defectos de forma. Al someterlas, no necesariamente se debe presentar un prototipo. Las simulaciones son válidas, por ejemplo, en transporte, vuelo, astronáutica, industrias, entrenamiento, procesos, cirugías, etc.
“Para innovar no hace falta el prototipo. Usar la simulación permite sacar la patente antes y no dejar pasar el tiempo”, dijo Emilio Jiménez Macías, doctor en Ingeniería Industrial de la Universidad de La Rioja.
Hay varias formas de transferir el conocimiento, por ejemplo, generar un producto y mercado, determinar si conviene vender o licenciar una patente, o mantener el “secreto industrial”. Es muy difícil que la patente de una idea se convierta en un éxito comercial, especialmente si el inventor no sabe cómo explotarla.
A veces se aconseja ofrecerla gratuitamente por un periodo luego tener derecho a un porcentaje del beneficio. Algunas empresas invierten o licencian patentes generadas en universidades, si se consideran I+D y pueden deducirla de impuestos. Los expertos sugieren que es preferible venderla a alguien que ya esté en el mercado para explotarla, en lugar de tenerla guardada.
No obstante, para una universidad, la transferencia de tecnología debe ir más allá de vender o licenciar una patente. Debe proyectar a la institución y fortalecer vínculos que le permitan impulsar más la I+D+I, a través de apoyo técnico, servicios, formación, etc.
