LABOR SOCIAL

Kkottongnae ayudando sin fronteras

Kkottongnae ayudando sin fronteras
Kkottongnae ayudando sin fronteras

Desde que el reverendo Oh Woong-jin rescató a un indigente que vivía en la calle en septiembre de 1976, él decidió extender su misión de asistir a los pobres que pasaban penurias y necesidades en su natal Corea.

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Hoy en día, la orden Kkottongnae cuenta con 13 sedes en todo el mundo y próximamente brindará su ayuda humanitaria en nuestro país.

Su expansión internacional comenzó en el año de 1996 en las Filipinas, mientras que en 1999 abrió su filial estadounidense.

Años más tarde, amplían su labor a diversos países de Asia y África, como Bangladesh, Uganda, Indonesia e India, así como en Canadá y Argentina. Próximamente se espera que abran sedes en Paraguay y Panamá.

El nombre de la orden, Kkottongnae, quiere decir “aldea de flores” en coreano.

Woong-jin comentó que su misión de ayudar a los demás le costó persecuciones y frustraciones. Sin embargo, asegura, no le hizo dudar de su principal misión.

El misionero se conmovía al ver cómo los pobres eran abandonados a su suerte por sus propias familias y la sociedad en su conjunto.

Su vocación de ayudar a los demás nació en él cuando era apenas un niño y vivía la guerra de Corea, que supuso la partición en 1953 de la península coreana hasta nuestros días en Corea del Norte y Corea del Sur.

Kkottongnae ayudando sin fronteras
Kkottongnae ayudando sin fronteras

Hoy en día, el religioso se manifiesta esperanzado por la unificación de la península, tras los últimos movimientos diplomáticos que se han venido dando en los últimos dos años entre los gobiernos de Seúl y Pionyang.

Woong-jin centra su lucha en el bienestar social, la felicidad, la educación y el amor como principales herramientas para combatir el desamparo y la soledad en el mundo.

Los sueños de la congregación de este misionero son la consecución de un mundo en el que nadie sea descartado, donde todo el mundo sea respetado y donde cada uno de nosotros ama a su vecino como se amaría a sí mismo.

Servicios comunitarios

Los distintos servicios que da la orden no se limitan solamente a alimentar y vestir a los desamparados, sino a garantizar su salud física y mental, que han podido adquirir tras su sufrimiento al encontrarse viviendo en la calle.

“Aunque uno tenga la fuerza suficiente para mendigar en la calle por un plato de comida, entonces eso también es una bendición de Dios”.


Oh Woong-jin, reverendo coreano.

Las cifras estiman que 13 mil personas en situación de enfermedad y abandono han sido atendidas por la orden Kkottongnae, de las cuales 4 mil fallecieron, 5 mil lograron resocializarse y 4 mil viven dentro de la comunidad que la orden dispone para ellos.

Kkottongnae también tiene una universidad en Corea del Sur especializada en las carreras de bienestar social y enfermería, cuyos pilares están basados en la espiritualidad, la inteligencia y la sensibilidad.

La orden coreana también tiene un centro especializado para la atención de niños con dificultades motoras y físicas en kínder, así como la educación primaria y secundaria.

Además, posee un instituto que estudia la espiritualidad y el amor en línea con una misión apostólica fijada dentro de esa comunidad.

Kkottongnae ayudando sin fronteras
Kkottongnae ayudando sin fronteras

El papa Francisco es uno de sus aliados, ya que visitó el hogar donde Kkottongnae da cobijo a los enfermos y desamparados, así como a la “Casa de la Esperanza”, donde se atiende a 50 niños que sufren de diversas dolencias físicas y mentales.

El pontífice les exhortó a que continúen con su labor y vocación de ayudar a los que tienen necesidad.

Kkottongnae fue uno de los lugares que el papa Francisco puso en su agenda, ya que cuando él mismo era arzobispo de Buenos Aires, supo de la orden coreana.

Una delegación de Kkottongnae también se hizo presente en la Jornada Mundial de la Juventud, en la que el papa Francisco se encuentra en nuestro país para precisamente transmitir un mensaje en contra de la indiferencia y la exclusión social y en pro de la hermandad entre los seres humanos y las soluciones a los problemas sociales.

Al terminar la entrevista, Woong-jin se despidió de nosotros con un sarnghamnida, un saludo en el que se ponen ambas manos sobre la cabeza haciendo la forma de un corazón.

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