Una figura de un rostro amarillo riendo hasta las lágrimas. Otra de un excremento igual de feliz. O un puño cerrado con el pulgar en señal de aprobación. Los emoticonos o “emojis” se han convertido en uno de los rasgos distintivos de la comunicación a través de herramientas digitales.
Tienen un día mundial (17 de julio), una enciclopedia en línea (emojipedia.org), alrededor de 2 mil 500 variantes y son empleados por el 92% de los usuarios de herramientas digitales, según el Emoji Report difundido en 2015. Su más reciente logro es protagonizar una película de Hollywood, The Emoji Movie, que se estrena esta semana en Panamá.
La historia de su origen cuenta con varias teorías. Una de las más aceptadas es la de 1982, cuando en la Universidad Carnegie Mellon, Estados Unidos, el profesor de informática Scott E. Fahlman empleó signos de puntuación para representar rostros con fin de agregar algo de humor a los sobrios mensajes digitales de entonces, registran diversas reseñas sobre el acontecimiento.
Y también está la versión japonesa que dice que en el ocaso de la década de 1990 Shigetaka Kurita diseñó 176 símbolos para la empresa NTT Docomo, que se enfocaba en el desarrollo de celulares con capacidad para conectarse a internet.
La obra de Kurita dio pie a la creación de más íconos una vez las herramientas de mensajería fueron mejorando, según recogió una reciente exposición dedicada a los emojis en el Museo del Arte Moderno de Nueva York (MoMA).
El salto definitivo a la fama de los emoticones llegó cuando Apple les incluyó en sus aparatos en 2011, ya como pequeñas imágenes con rostros y demás figuras.
Especialistas en comunicación y tecnología digital analizan el impacto de los emoticonos.
VEA: El éxito de los íconos digitales
