Pintarse para confundirse con el paisaje podría parecer cosa de niños, pero el chino Liu Bolin lo convirtió en una elocuente arma artística.
Empezó como escultor, pero su vocación dio un giro el día en que el Gobierno chino, afanado en “embellecer” Pekín para los Juegos Olímpicos de 2008, arrasó el barrio de artistas de Suo-jia, donde estaba su taller. Descubrió que la mejor manera de expresar su ira y desespero era fundiéndose entre las ruinas del edificio, pintándose de los mismos colores que el fondo.
El artista de 44 años sigue viviendo en Pekín. Actualmente protagoniza tres manifestaciones en París, una en el Centro Pompidou.
La fotografía, primera de su serie “Escondido en la ciudad”, se convirtió en un contundente símbolo de denuncia contra las condiciones de los artistas chinos. Aunque no dejó la escultura, se entregó en perfeccionar el arte de camuflarse. Elección del fondo, estudio minucioso de los detalles y paso a la acción con el uso de pintura acrílica para transformarse de la cabeza a los pies.
“Al principio, para el público chino buscar mi silueta en la fotografía revestía un carácter lúdico, pero poco a poco empezó a prestar más atención al fondo, a reflexionar”, explicó Liu.
Sus fotos, precedidas de la performance de hacerse pintar por sus colaboradores delante del público, se han convertido en un dedo acusador de las lacras de la sociedad, en China y el extranjero.
“Todas las sociedades están confrontadas al mismo tipo de problemas”, dijo el artista, que se ha consagrado en denunciar el cambio climático, como muestra la exposición “Revelando la desaparición”, en la galería París-Pekín.
“El problema de la ecología es muy sensible pero también muy actual en China. Mi obra sirve para tomar conciencia”, explicó. Su lucha –como expone en la Maison de la Photographie Europeenne–, también abarca la libertad de expresión. Su otro frente es despertar la conciencia de los niños.
