¿Un geek fanático de los videojuegos puede ser pronto campeón olímpico? Esa posibilidad hace un tiempo que ha dejado de parecer tan disparatada: el eSport tiene aspiraciones muy altas, entre ellas la de entrar en los Juegos Olímpicos. Es, sin duda, el gran sueño de muchos actores y responsables de los juegos electrónicos deportivos: que esa disciplina, teóricamente tan alejada del deporte tradicional, reciba el aval olímpico, que marcaría un antes y un después.
A principios de agosto, Tony Estanguet, el presidente del comité de París-2024, unas semanas antes de que la capital francesa recibiera oficialmente la sede olímpica para dentro de siete años, dijo: “Tenemos que abordar el tema... Es interesante que hablemos de ello todos juntos, para comprender mejor cómo funciona y por qué el eSport tiene tanto éxito”.
El eSport tiene que recorrer un gran camino para poder ser aceptado globalmente como un deporte. “Eso es un debate en curso”, declaró Kenneth Fok, el recién elegido presidente de la Federación Asiática de eSport (ASEF).
“No es seguro en un 100% que el eSport sea realmente un deporte”, había opinado en abril el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach.
A imagen de los deportistas profesionales, los jugadores de eSports, que se enfrentan en videojuegos de fútbol (FIFA 18), artes marciales (Street Fighter), de guerra (Call of Duty) o de estrategia (League of Legends), entre otros, se ven acompañados a veces por los consejos de ‘entrenadores’ o incluso nutricionistas.
Los jugadores más destacados entrenan regularmente y ganan premios que pueden alcanzar millones de dólares, en estadios que han llegado a reunir hasta 50 mil espectadores.
“Sí, no estamos sudando realmente, no estamos al aire libre, pero (el eSport) tiene muchos otros elementos que hacen de él un deporte”, insistió Fok.
