Los últimos episodios de la serie Mad Men llegan a la pantalla chica la semana próxima para cerrar una saga que marcó la cultura popular más allá de las fronteras estadounidenses.
La segunda parte de la séptima temporada de Mad Men, un retrato de un grupo de publicistas neoyorquinos en los años de 1960, será difundida en Estados Unidos por el canal AMC a partir del 5 de abril. En su lanzamiento en 2007, la serie de época que desarrolla lentamente las intrigas y la profundidad psicológica de sus personajes, fue una especie de ovni en el paisaje televisivo estadounidense, entonces ocupado por programas policiales, de acción o de misterio como 24, Lost y Dexter.
El programa piloto, escrito por Matthew Weiner, creador de la serie, fue rechazado por canales de cable como HBO y Showtime antes de aterrizar en AMC, una cadena hasta entonces casi desconocida. En Mad Men casi todos los personajes están llenos de defectos. Incluso la valiente Peggy (Elisabeth Moss) comete ocasionalmente actos de moral condenable: adulterio, traición, mentiras y abandonos. “Esta serie no tuvo miedo de abordar frontalmente la condición humana”, dijo en una conferencia de prensa Vincent Kartheiser, intérprete de Pete Campbell, el joven publicista venido de una familia adinerada que batalla por ganar el respeto de sus colegas y el interés de las mujeres.
Mad Men también sedujo al mundo gracias a su vestuario, su maquillaje y su impecable fotografía.
La serie igualmente retrató una época en la que reinaban el racismo, el sexismo, el alcoholismo y el tabaquismo; y en que la educación de los niños rozaba el maltrato infantil. Pero, como destacaron varios de los actores en la conferencia de prensa, la sociedad actual, si bien es más abierta, no forzosamente está curada de todos estos males.

