Mareos, debilidad y fatiga fueron algunas de las molestias que cambiaron la vida de Marta, quien a sus 35 años le diagnosticaron esclerosis múltiple.
Ya han pasado seis años desde que empezó a vivir con esta dolencia, que apareció en su vida de una manera sorpresiva, un mal que aún no tiene cura.
Hoy se conmemora el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, una enfermedad autoinmune del sistema nervioso central que afecta la médula espinal y el cerebro.
Según el Atlas Mundial de Esclerosis Múltiple 2013, de la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple, este mal se ha incrementado de 2.1 millones en 2008 a 2.3 millones en 2013, con unos 2 mil 500 enfermos en Centroamérica.
Mientras que la prevalencia en Panamá es de 5.2 casos por cada 100 mil habitantes y se estiman entre 15 y 20 casos nuevos todos los años, indica Fernando Gracia, coordinador de la Clínica de Esclerosis Múltiple del Hospital Santo Tomás.
IMPACTO DE LA DOLENCIA
En las personas que padecen esclerosis múltiple, el sistema inmunitario destruye la sustancia que rodea y protege las células nerviosas, llamada mielina, haciendo que la habilidad de los nervios para conducir las órdenes del cerebro a todos los órganos se vea interrumpida, lo que provoca síntomas en diferentes partes del cuerpo, explica.
Científicamente aún no se conoce con certeza la causa de este trastorno, aunque se sospecha que podría tratarse de un problema multifactorial, como la combinación de factores ambientales, virales y genéticos, dice.
Aparece comúnmente entre los 20 y 30 años, y es casi tres veces más frecuente en las mujeres que en los hombres, y esto es posiblemente asociado a las hormonas femeninas, indica.
DETECCIÓN, UNA BARRERA
Fernando Gracia comenta que esta dolencia es difícil de diagnosticar, ya que los síntomas pueden aparecer y desaparecer en intervalos irregulares, de modo que el tiempo que separa unos brotes de otros pueden ser días, semanas o meses.
Las señales más frecuentes, según el especialista, son pérdida de la visión, privación de la fuerza muscular, alteraciones sensitivas y de la marcha, entre otras.
En la actualidad no existe ninguna prueba específica para detectarla. Generalmente los médicos deben practicar diferentes exámenes antes de realizar el diagnóstico, como evaluación de los síntomas y de los antecedentes médicos, análisis de sangre, pruebas neurofisiológicas, evaluación del líquido cefalorraquídeo realizando una punción lumbar, exámenes radiográficos como la resonancia magnética cerebral y de la médula espinal, entre otras.
PARA TRATARLO
Cuando se presenta una crisis aguda, conocida como brote, se administran -usualmente por vía endovenosa- corticoesteroides (variedad de hormonas).
Para evitar el progreso de la enfermedad y que se den nuevas crisis, se recomiendan los tratamientos inmunomoduladores (modifican la capacidad del sistema inmune) como los interferones beta (medicamento inyectable) que se pueden dar por vía subcutánea o intramuscular. Esto evita las recaídas entre un 30% a 40% de los casos. Ya existen también los tratamientos vía oral, añade.
La medicación debe ser individualizada y lo que es primordial es que el paciente comprenda su enfermedad y esté bien informado al igual que su familia.
Además, será exitoso si el paciente recibe un apoyo de su clan, sus amistades y de su ambiente laboral.
La comunicación con su neurólogo debe ser fluida y cercana para resolver preguntas que surgen con mucha frecuencia, concluye.
OTROS SÍNTOMAS
Necesidad frecuente o urgencia intensa de orinar.
Movimientos rápidos y sin control de los ojos.
Problemas para hablar y articular palabras.

