El rescate de las frutas ahora se hace por medio de conservas. Un grupo de emprendedores ha puesto sus ojos en las coloridas y variadas frutas típicas del país.
Algunos aprovechan la escasez de unas para mezclarlas con otras propias de la temporada y así crear combinaciones exóticas, que comienzan a conquistar a paladares distraídos en el saturado mundo de los azúcares procesados. Pero los productores emergentes de jaleas artesanales se decantan por garantizar que sus preparaciones se entreguen en su estado natural, libres de químicos y conservantes para contribuir de esa forma a su ingesta más saludable.
A Aracelly Suñé Martínez, una ingeniera civil jubilada, que ha encontrado en la cocción de conservas caseras un nueva oportunidad para sentirse productiva y generar ingresos con sus ventas, le hacía ruido visual ver en su finca agrícola de 15 hectáreas en Puerto Armuelles, Chiriquí, las frutas descomponiéndose en el suelo.
“¡Qué gran desperdicio!”, se lamentaba al contemplar la escena, y con ello, un día se le ocurrió la idea de convertirlas en jaleas. Han pasado dos años desde aquella iluminación y ahora Aracellys cuenta con 13 tipos de mermeladas en su negocio llamado Porto Viejo’s Homemade, que también se ha convertido en un desarrollo de tipo familiar.
El éxito de las ventas consiste, para la productora Yaribel Barragán, en la capacidad de llevar al consumidor al pasado, a su niñez. “Todas las conservas caseras las hicieron, algunas vez, las abuelas, pero ahora con el trajín diario nadie se dedica a hacer este trabajo que ahora facilitamos”, asume la mujer desde su puesto de venta con su composta de cocada como insignia dulce, cada domingo de principio de mes, en el Mercado Urbano de Ciudad del Saber.
VEA: El ‘boom’ de las conservas artesanales
