En el pueblo de Vallerriquito, en Las Tablas, Los Santos, hay tres señoras que, aunque no viven en la misma casa, están unidas por una sola faena: la confección del sombrero de junco.
Aminta Acevedo González, de 79 años; Casilda Velásquez, de 81 años; y Blasina Amaya de Batista, de 72 años, se sienten felices por aportar su granito de arena para que la tradición no desaparezca.
Son conscientes de que la juventud no está motivada a continuar con esta labor, ya que tejer y coser un sombrero es un trabajo arduo, dicen.
UN POCO DE LA FAENA
El junco (una planta) debe buscarse a la orilla de la quebrada. Luego debe ponerse al sol por varios días hasta que se seque y se torne de un color amarillo. Por las noches se guarda porque “el sereno lo puede pudrir”, explican.
“De allí con una aguja se va sacando la hebra con la que se va a tejer, dependiendo si lo quiere fino o grueso”, dice Amaya de Batista.
“Es un sombrero que se usaba para ir al campo a trabajar”, señala Velásquez, quien empezó en esta faena desde los siete años.
El tiempo que tome la confección del sombrero va a depender de las horas que le dedique al día. Puede ser entre dos semanas y dos meses, cuenta Acevedo González, quien a los siete años tejió su primera trenza de junco.
Esta señora aclara que ella solo teje, ya que su vista no le permite coser el sombrero. “Es difícil unir las trenzas con agujas”, resalta.
“Ya casi nadie cose el sombrero, la mayoría solo teje las trenzas”, recalca Velásquez.
Sobre el costo de los sombreros, los precios varían, pues si es solo la trenza puede costar entre 50 y 60 dólares, asegura Amaya de Batista, recordando que su primera trenza la tejió a los 10 años.
Mientras que si el trabajo es completo, es decir, tejer y coser el sombrero, el costo ronda entre los 120 y los 200 dólares.






