“Todo contacto deja un rastro”, enseñaba Edmond Locard, uno de los padres de la medicina forense moderna, protagonista de una exposición llena de escalpelos, mesas de disección y tomas de huellas en la Wellcome Collection de Londres.
La puerta de entrada está entreabierta, alguien dejó un periódico sobre el sillón. Y en un sofá, cerca de una estufa, yace un cadáver. ¿Qué pasó? ¿Quién es el asesino? El realismo de la escena del crimen es inquietante, aunque solo se trate de miniaturas instaladas en una gran casa de muñecas. La maqueta realizada en los años de 1940 por la estadounidense Frances Glessner Lee se utilizaba para “entrenar a los investigadores a ser más metódicos en la recolección de pruebas” y sigue sirviendo de ejemplo para la policía científica.
La obra está entre los cientos de objetos que se expondrán entre el 26 de febrero y 21 de junio en la muestra “Medicina forense: anatomía del crimen”, en el Wellcome Collection, un museo londinense financiado por la fundación británica Wellcome Trust.
