Han pasado casi 25 años desde que el huracán Andrew azotó Miami, pero la vulnerabilidad de la ciudad solo ha aumentado.
En ese entonces el huracán Andrew era el desastre natural más costoso en la historia estadounidense, al causar daños por más de 26 mil millones de dólares en las zonas más pobladas de Florida, incluso 15 mil 500 millones de dólares en reembolsos de aseguradoras.
En los años subsiguientes las autoridades impusieron estrictos estándares de construcción, pero al mismo tiempo ocurrió una gran explosión demográfica, se realizó un activo desarrollo de las zonas costeras y se sintieron los efectos del calentamiento global.
“Nuestra inquietud radica en el hecho de que aunque hemos realizado algunas mejoras, han pasado 25 años y la población en el sur de Florida ha crecido mucho y la gente no sabe o se ha olvidado de las repercusiones que esto podría tener”, declaró Mónica Ningen, agente de pólizas para Estados Unidos y Canadá para la aseguradora Swiss Re.
La empresa, cuya sede está en Suiza, emitió el miércoles un análisis donde estima las pérdidas si un huracán de la magnitud de Andrew llegase a impactar la zona metropolitana de Miami hoy en día.
El huracán hizo impacto el 24 de agosto de 1992 con vientos de 265 kilómetros por hora (165 millas por hora), mató a 15 personas y causó indirectamente la muerte de otras 25 en el condado Miami-Dade, según el Centro Nacional de Huracanes.
La tormenta destrozó 25 mil 524 viviendas y dejó averiadas a otras 101 mil 241; casi todas las casas rodantes en su trayecto se perdieron para siempre. Si un huracán similar llegase a impactar esa misma zona hoy en día, Swiss Re estima que los daños ascenderían a entre 80 mil millones y 100 mil millones de dólares, incluyendo 60 mil millones por pérdidas de bienes asegurados. Si la tormenta llegase a impactar directamente a Miami, las pérdidas ascenderían a entre 100 mil millones y 300 mil millones de dólares, según Swiss Re, incluyendo 180 mil millones de dólares en pérdidas de bienes asegurados.
A pesar de todos los destrozos que causó, las inundaciones costeras engendradas por Andrew fueron relativamente menores. Generalmente el crecimiento de las olas, empujadas por feroces vientos, es el elemento más letal de una tormenta, pero Andrew no tuvo ese efecto, lo que el centro de huracanes consideró“una aberración afortunada”.
