En el idioma, a veces aprendemos mal.
No nos referimos a palabras o términos que hoy son censurados y que mañana, posiblemente, el uso los legitime.
Se trata de giros del lenguaje que la gente tacha y evita porque los considera impropios, inadecuados, mal formados, barbarismos, vulgares, extranjerismos, etcétera.
Una es la palabra “júnior”, de origen latino, y que literalmente significa “el más joven”.
La gente suele asociar su origen al inglés, idioma en el que, ciertamente, ha tenido mucha acogida.
Según del Diccionario panhispánico de dudas, “se pospone al nombre propio de una persona para distinguirla de un pariente de más edad que tiene el mismo nombre, normalmente el padre”: “Julio Iglesias júnior...”.
En el español actual, este uso (que sí es anglicado) puede sustituirse sin mayor dificultad por la palabra “hijo”, pospuesta al nombre principal: “Leopoldo Fernández hijo”; “Alejandro Dumas hijo”.
En ese mismo caso se encuentran las palabras “sénior” y “cuestión”.
De la primera se puede decir que, igualmente, tiene origen latino: “el de mayor edad” y, aunque en el uso inglés suele posponerse también al nombre del padre para distinguirlo del hijo homónimo, en el caso del español se prefiere la palabra ‘padre’, también pospuesta: “José María Aznar padre”.
Actualmente, esta palabra se emplea con mucha frecuencia en las combinaciones “cliente sénior” y “ejecutivo o colaborador sénior”.
La palabra “cuestión” por su fonética suele ser asociada al inglés, pero su origen es claramente latino: quaestio, onis.
Los significados registrados en el Diccionario de la lengua española son los siguientes:
1. Pregunta que se hace con intención dialéctica para averiguar la verdad de algo.
2. Punto o materia dudoso o discutible.
3. Asunto o materia.
La Academia dice:
Acerquémonos a las palabras para conocer su origen y sus usos, a fin de no
censurarlas cuando son legítimas y están bien formadas. Y, sobre todo, cuando responden a una necesidad de comunicación de los hablantes.
