Aunque llegaron como una promesa de movilidad para las congestionadas y contaminadas urbes latinoamericanas, los monopatines eléctricos han enfrentado un camino de accidentes, lentas regulaciones y la oposición de algunos habitantes.
Repentinamente, miles de estos artefactos aparecieron en América Latina el año pasado, enviados por las startups estadounidenses Bird, Lime y Scoot, la mexicana Grin o la brasileña Yellow.
Por alrededor de medio dólar, más 10 centavos por minuto, cualquier persona con un smartphone y una tarjeta bancaria puede subirse y dejar atrás el tráfico de algunas de las ciudades más embotelladas.
Otra ventaja mayúscula, según sus aficionados: los monopatines ofrecen una opción de transporte limpio en lugares de altos niveles de contaminación.
Sin embargo, sus críticos dicen que estos minivehículos empeoran el caos vial.
En ciudad de México un hombre sobrevivió en marzo al aparatoso golpe que le dio un coche cuando conducía un monopatín en sentido contrario por un barrio.
Otro accidente parecido ocurrido durante la madrugada mató a un hombre en la turística Zona Rosa.

En Lima, una mujer resultó con fracturas tras ser arrollada por uno de estos vehículos en la acera.
En Sao Paulo, de enero a mayo sumaron 125 atropellamientos.
Los problemas para estos vehículos, que alcanzan hasta 40 km/h, apenas empezaban. Al igual que en Europa y Estados Unidos, a donde llegaron primero, en México, Lima, Bogotá y Sao Paulo hay quejas porque los monopatines circulan en las aceras y son estacionados sin ningún control, bloqueando el paso de peatones y otros vehículos.
Algunas de las protestas fueron escalando: en México, vecinos tacharon el código que permite a los usuarios desbloquearlos e inmovilizaron otros con adhesivos con la leyenda “agente agresor”, mientras que en Lima una persona arrojó a un acantilado un monopatín que lo bloqueaba .
A pesar de todo, las empresas de monopatines han visto en América Latina oportunidad de expansión. Lime anunció que comenzará operaciones en Sao Paulo y Río de Janeiro, además de Buenos Aires y Lima, y la Grin unió fuerzas con Yellow para fortalecer su presencia en la región.