Mordisquearon y mordisquean, con apetito, el erario. Con ansiedad pantagruélica. Se sienten signados por no sé qué o quién para erosionar esos recursos. Piensan que lo ganaron como botín. Desafían a quién o quiénes se les pongan por delante. Acomodan y arquean a su conveniencia vil la Constitución y las leyes. No es que les importe, pero, por si las moscas, prefieren borrar cualquier rastro rateril.
La mayoría del país es proba, en el 99 y pico por ciento, no obstante esos pocos de la mafia danzan con millones.
El arte de morder, mordiscar, mordisquear, sobre todo un bocado grande. A través del PAN y la flauta mágica, en Finmeccanica o en Financial Pacific. Solo una muestra. Es una mordedura fuerte, que el mordisco todo lo aguanta, y gente adormecida no reparará en su tamaño, pues el sistema fue construido y cincelado para proteger la mordida.
Morder es arte y pecado desde los primeros humanos tiempos. Adán y Eva. Quienes muerden la manzana en estos tiempos, como en la era RMB, sienten que tienen licencia para todo. Si Adán y Eva estuvieron en esa mordida, piensa él y sus compinches, ¿por qué nosotros no podemos crear una empresa para drenar el pescaíto italiano, dominado por el ‘fratello’ Lavítola? Regáñeme, Mi Capo.
¿Mordedura, mordisco o mordida? No se conoce, a primera vista, el intríngulis de cada una de estas acepciones. Una mordedura puede ser de víbora, pero también asestarse a un pedazo de pastel, y sobre todo del pastel presupuestario. O la réplica del ramillete de dientes. Puede ser de un funcionario a otro, o de ambos al tejido fiscal. Mordisco puede ser delito, pero es leve, medio desganado. Que estos políticos no están desganados, pero sí los investigadores. ¿La múcura es tamañona? Algún implicado posee hasta 15 millones de razones para guardar facturas que no sirven ni de papel higiénico. Otros tienen hasta 5 millones de razones circuitales. ¿Mordida? Póngase de acuerdo con aquellos socios malhechores mafiosos. La mordida es por cortesía del contribuyente panameño. Ni Poncio Pilatos (o Pilato) se entera.
El gran atributo de la mordida es la certeza de que nada pasará, la certeza de que no habrá castigo ni humano ni divino, y que todos deberán arroparse con la misma manta. No me metan en ese baile. La tuya. (Por si acaso).
¿Los mismos de siempre seguirán mordiscando o mordisqueando? Significan igual mordiscar y mordisquear. Tú mordisqueas, los del cedé mordisquean, los del perredé mordisquearon, y los panameñistas también, aunque hay uno que otro santurrón.
Mordiscan o muerden, en forma repetida, pero con poca fuerza.
Esta historia no es de mordiscos, sino de mordidas, gigantes.
Alguien descubrió que, a mayor cantidad de obras y más costosas, la mordida se agiganta. No se necesita ser un genio para saberlo, pero a uno ni siquiera se le ocurre pensarlo. A mayor inversión, mayor corrupción. Si el ritmo es atortugado, tendrá que ver con el monto de la coima.
Un Estado sin frenos y sin controles es un Estado fallido. Todos los podres poderes del Estado nos lo demuestran a cada minuto. Promocionan la impunidad, y les rinde beneficios. Aún siguen en pie. Si las fuerzas en el poder se cruzan de brazos ante el parapeto institucional heredado, no cambiará ese modelo pernicioso que está por llevar a la Nación a una especie de Gomorra bíblica.