LA úLTIMA PALABRA

Mujer portento

Portentosa la presentación de Érika Ender como portentosa es nuestra compatriota. Fue en el teatro Balboa, en noche de llovizna, en homenaje a los ganadores del Premio del Instituto Panameño de Estudios Laborales (IPEL) del Ministerio de Trabajo.

En medio de tanta batahola, es un bálsamo escuchar esta voz nacida de nuestra fuerza patria, de la capital, y con el sello multicultural y multilingüe que nos distingue. Pocos pagos reúnen en un espacio pequeño tantas culturas que se amalgaman en una.

Cantautora premiada con Grammy y Billboards, sus letras han sido interpretadas por muchos artistas reconocidos. Es actriz, productora discográfica y diseñadora de modas. De padre estadounidense-panameño y madre brasileña, creció en un universo de culturas en contacto bajo el paraguas de los idiomas inglés, español y portugués.

Me conmovió escucharla en el teatro Balboa en la interpretación de sus letras Ataúd, El lugar que me vio nacer y Despacito, cuyos estribillos fueron entonados por el público, que la ovacionó de pie.

Los organizadores homenajearon, con esa presentación, a los 27 ganadores de las 9 categorías del concurso IPEL y, a la vez, la homenajearon a ella como mujer trabajadora.

Cantó con mucha emoción y declaró que su humildad llega hasta cuando tiene que hacer valer su dignidad de persona y mujer, y que le han costado el ingreso y participación en un mundo, el de la producción musical, dominado por varones.

Ella ha publicado cinco discos compactos, en el que incluye géneros pop, rock, tropical y regional mexicano. Sus composiciones las han interpretado Daddy Yankee, Chayanne, Gloria Trevi, Ednita Nazario, Gilberto Santa Rosa, Ana Bárbara, Víctor Manuelle, Milly Quezada, Elvis Crespo, Luis Enrique, Luis Fonsi y Malú.

En la gestión oficial, en países con atraso como el nuestro (¿30 años?), la consigna debe ser rapidito, y resulta que cocodrilos se aprovechan para saquear a tutiplén. En el amor, de preferencia despacito, y ella interpreta esa canción que compuso, a cuatro manos, con el borinqueño Luis Fonsi.

En el teatro resuena Despacito, en la voz de Érika y acompañada por un música, con piano de cola. “Tú, tú eres el imán y yo soy metal”. El asunto no está tan próximo, pero se arma el plan. El pulso se acelera, por tantas emociones, el pulso de esta acogedora sala, que congregaba a zonians (¿desaparecieron?), y fluye el amor, sin ningún apuro. Dije el amor; no el Gobierno.

Es modo despacito, para respirar el cuello, para que el cuerpo se convierta en manuscrito y, saltar la tapia, y llegar a las zonas de peligro.

Amor, siglo XXI. Nuestros abuelos se entendían sin cortapisas, sin embargo no eran tan explícitos.

Le canta a nuestro Panamá y sus recuerdos: alegrías y tristezas. Lugar de fortalezas para afrontar el sufrir y ganar valentía en el vivir. Divina Érika, mi patria es mi infancia: el alma ataca a la calle, a esas espectaculares lunas llenas y el sueño permanente de retornar.

Cierre de oro con esta presentación de un extraordinario concurso y felicito a ganadores y a los organizadores, empezando por el ministro Carles, el director Guerrel, la licenciada Dixiela y demás integrantes del equipo.

El autor es filólogo y periodista

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