Una mujer citadina ha creado su primera cuenta de correo electrónico en sus 39 años de vida. Se siente emocionada. “Ahora podré enviar invitaciones”, es la primera idea que le salta a Milagro Vásquez, madre, ama de casa y artesana independiente, quien al igual que otras 29 damas se ha capacitado en el uso de herramientas digitales, en una iniciativa regional de Google.org, que intenta incorporar a más niñas y mujeres en el sector tecnológico.
Aunque Vásquez no ignoraba por completo las tecnologías y disponía de redes sociales como Facebook e Instagram desde su teléfono móvil, desconocía aplicaciones insertas en su correo electrónico de las que podía echar mano para una fuente de trabajo o potenciar sus ingresos con las ventas de sus propias artesanías.
La madre, residente en el distrito de San Miguelito, había completado su bachiller comercial en el Instituto Justo Arosemena, pero durante su formación, la tecnología no había alcanzado los márgenes ahora conocidos. “Tomé clases de mecanografía, para escribir en máquinas de cinta o de electricidad”, reconoce, y se recuerda tecleando, practicando sobre un cartel con los signos dibujados.

“Las limitaciones de las mujeres en las competencias digitales, no tienen que ver con el grado de escolaridad alcanzados, sino con carencias de conocimientos más actualizados”, compara la instructora Yamileth Mendieta, de la aliada Fundación de Educación y Tecnología (Fedutech), encargada del entrenamiento personal, que duró tres jornadas de cuatro horas cada una, dadas en un salón de laboratorio de la Universidad del Istmo.
Puede parecer extraño que a estas alturas todavía una persona no tenga un correo electrónico, pero en muchos casos hace falta una orientación en los usos beneficiosos de la tecnología para motivar, en este caso a las mujeres, a la exploración de forma individual en ese campo.
Según un estudio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), “las mujeres se introducen en el mundo digital más tarde y más lentamente”.
Cuando comparan la cantidad de personas en el mundo conectadas al mismo tiempo en la internet, 250 millones de mujeres están ausentes de esa actividad, a esto lo consideran la brecha digital entre hombres y mujeres. De acuerdo con la fundación Ayudas en Acción, la medición dispar se explica porque en el mundo el 70% de las personas que viven en extrema pobreza son mujeres y, por tanto, son ellas las que no tienen acceso a las tecnologías.
La capacitación en alfabetización digital incluía además temas como seguridad informática, uso correcto de redes sociales y cuido y manejo de la PC, entre otras, que se iban adaptando a las necesidades más apremiantes entre las participantes provenientes de Panamá centro y de Arraiján y La Chorrera.

Las mujeres que recibieron la instrucción fueron invitadas por la Fundación Calicanto, gestionadora por Panamá del proyecto regional “La voz de las chicas del Centro de América”, nacido en 2015 en Costa Rica para extenderlo también en Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador. La primera fase de capacitación regional está dirigida a las 2 mil adolescentes y luego, el programa se amplió para 500 mujeres madres de las adolescentes interesadas en adquirir nuevos conocimientos en el área digital y ser protagonistas de su empoderamiento femenino.
Hay una preocupación global en el sector de las innovaciones por disponer de más recurso humano en habilidades tecnológicas, y en ese renglón, las mujeres quedan rezagadas y en desventaja frente a los hombres. Según una encuesta global de la agencia de desarrolladores informáticos, Stack Overflow, el 6% de los desarrolladores de web son mujeres en América Latina. Se necesitarán en 2025 1.2 millones de desarrolladores y, por eso, apuntan a sembrar el interés entre las féminas.
“Hacer las intervenciones mediante esta capacitación a mujeres les ayuda a las mamás a ponerse al día y recobrar la seguridad en sí mismas al sentirse capaces de dominar la tecnología, y esto repercute positivamente en el apoyo escolar que puedan darle a sus hijos”, destaca Génesis Sierra, coordinadora de conexiones y voluntarios en la Fundación Calicanto.
El programa “La voz de las chicas del Centro de América” comenzó por capacitar a las niñas y adolescentes -entre 12 a 17 años-, que al ser nativas digitales, ya disponían de conocimientos básicos en el uso de aplicaciones diversas. El curso, proveído en forma de campamento, estuvo dividido en tres especialidades simultáneas: música digital, historias digitales y desarrollo de apps. Se instalaron cuatro sedes en territorio panameño: Las Tablas (Los Santos), Chitré (Herrera), Bejuco (Chame) y Las Lajas (Chiriquí).

En una primera fase, desarrollado mediante un campamento juvenil, Cindy Castillo, residente en Las Tablas, salió elegida entre 90 participantes, como representante de Panamá en el programa regional por la creación de un rap en defensa del ambiente.
Castillo, de 17 años, cursó la especialidad de música digital y viajó a mediados de año a Costa Rica, para presentar su proyecto como uno de los exitosos entre otras adolescentes que tomaron el curso en la región. “La letra del rap hacía referencia a la basura y la contaminación, un problema comúnmente comprendido en la región”, afirma Sierra.
Una segunda fase del proyecto, dirigido a otras 22 niñas, se realizó a inicio de septiembre con dos temas: historias digitales y prototipado. El primero ideado para diseñar, editar videos y fotografías; planificar y escribir el guion de una entrevistas o tomar fotos adecuadamente.
El segundo está relacionado con funciones como el diseño de páginas web y desarrollo de aplicaciones para el celular.
El enfoque no solo es que aprendan a usar la herramienta, sino que también puedan identificar problemas de los jóvenes centroamericanos, como embarazo, extrema pobreza, acoso y abuso sexual, y que mediante un análisis crítico puedan proponer una solución digital a sus realidades.
Este proyecto traza una senda positiva. Según el documento Gender Equality in Education, Employment and Emtrepreneurship 2012, de la Organización para la cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “un mayor nivel educativo de las mujeres y las niñas contribuye en 50% del crecimiento económico de los países”. Si más niñas y mujeres se capacitan en tecnologías les augura un mejor futuro, una esperanza en la que se quiere confiar.
